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Mi Marido Prestado romance Capítulo 62

—Si no tienes tiempo, yo puedo ir a devolverlo.

En el último piso del Grupo Rodríguez, Iker acariciaba aquel “amuleto”, la sombra de un mal humor atravesaba su expresión firme y distante.

Aquello no era ningún amuleto de protección.

Había salido de la Iglesia de San Pedro, famosa por sus amuletos para atraer el amor.

—Mejor yo lo devuelvo.

—Está bien.

Octavio dejó escapar un suspiro de alivio.

César, que había escuchado toda la conversación, se quedó boquiabierto al ver cómo su jefe sacaba la cartera y guardaba cuidadosamente el amuleto en uno de los compartimientos internos.

[¿¿¿No que lo iba a devolver a la señorita???]

Ni siquiera tuvo tiempo de procesar su asombro cuando Joaquín tocó la puerta y entró, sosteniendo otro amuleto casi idéntico.

—Señor, la abuela acaba de mandar esto. Dijo que lo pidió ayer por la mañana y que tiene una efectividad buenísima, que lo guarde cerca de usted.

Iker se frotó el entrecejo.

—¿Y qué más dijo?

En ese momento, el celular sobre el escritorio sonó.

Del otro lado, Susana habló con entusiasmo:

[¿Ya recibiste el amuleto para el amor? Te digo, no por nada todo el mundo va a pedirlo, funciona de maravilla. Apenas lo pedí y, apenas al rato, me enteré que esa doctora se divorció.]

[¡Ahora está soltera! No vayas a rechazarla solo porque está divorciada…]

—Abuela…

Iker la interrumpió de inmediato, su tono seco dejando claro que no había nada que discutir.

—No es cuestión de despreciarla.

—A decir verdad, no me interesan las mujeres divorciadas.

...

Eleonor no notó que el amuleto que le había regalado la señora Rodríguez había desaparecido sino hasta el día siguiente.

Por eso, fue expresamente al consultorio a buscarlo.

Pensó que quizá lo había dejado en la sala de consultas.

Nil pasaba justo por fuera, vio la puerta abierta y, al asomarse, se sorprendió un poco.

—Ellie, ¿no te tocaba descansar hoy?

Eleonor levantó la cabeza desde debajo del escritorio.

—Sí, pero perdí algo y vine a buscarlo.

Nil al verla, no pudo evitar sonreír.

—¿Y lo encontraste?

—No.

Virginia la vio y, como si no fuera novedad, le sonrió.

—Ellie, qué coincidencia.

—¿Se conocen?

Nil preguntó sorprendido, mirando de inmediato a Eleonor.

Ella asintió.

—Sí, la conozco.

Y luego, con una mezcla de ironía, agregó:

—Fabián sí que se esmera por ti.

Como no pudo por un lado, fue a buscar a la familia Jiménez.

—¿Quién lo niega?

Virginia se apuró a contestar, queriendo recuperar terreno tras lo de ayer.

—Ahora que vamos a trabajar juntas, espero que me apoyes.

—Espera, eso de ser colegas todavía está en veremos.

Nil, que captó la tensión entre las dos, jaló a Eleonor hacia el consultorio más cercano y cerró la puerta tras ellos.

—¿Tú y Fabián se van a divorciar por culpa de ella?

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