—No es que sea buena peleando —dijo Simona con voz gélida—, es que ha visto demasiadas bajezas de gente como ustedes.
La inescrupulosa de Alma.
Davi Rodríguez y su gusto por las menores.
El enredo entre el cuñado y la cuñada...
Por eso, desde pequeña no tuvo más opción que aprender a defenderse sola.
Iker, con la mirada fría y sin decir una palabra, caminó directo hacia las escaleras.
Leonardo soltó una risa burlona.
—¿El señor Rodríguez cree que esto es un hotel? ¿Que puede entrar y salir cuando quiera?
Apenas terminó de hablar, sus hombres intentaron bloquearle el paso a Iker, pero Joaquín levantó el brazo y derribó a uno de un puñetazo.
Iker ni siquiera volteó; siguió subiendo los escalones con paso firme.
—Si prefieres, este lugar también puede convertirse en tu crematorio.
Ignoraba por completo a Leonardo.
Al escuchar el alboroto, los hombres de las familias Rodríguez y Estrada, que esperaban afuera, irrumpieron en el patio.
La diferencia de fuerzas era abrumadora.
Sin rehenes, Leonardo sabía que no tenía ninguna posibilidad de ganar.
Al ver que Iker subía con aire de vencedor, Leonardo sonrió levemente y miró a Fabián.
—El señor Valdés es realmente generoso. No solo entrega a su esposa y a su hijo en bandeja de plata, sino que viene a rescatarlos acompañado del señor Rodríguez.
La intención de sembrar cizaña era evidente para todos.
Si lograba que Fabián se pusiera en contra de Iker, tal vez podría romper el cerco.
Sin embargo, Fabián no mordió el anzuelo. Mantenía la vista fija en la planta alta.
Nadie notó que, al escuchar el estruendo de hace un momento, él había temblado de pies a cabeza.
Eleonor estaba embarazada; cualquier peligro representaba un riesgo mucho mayor para ella que en circunstancias normales.
Y él, en cierto modo, era cómplice.
Menos mal...
Ellie era lista.
Siempre lo había sido.
Por suerte, la persona herida no era ella.
***
Toc, toc.
Benicio no esperaba que bajaran tan rápido, pero antes de que Iker se acercara, notó algo extraño.
La expresión de Iker era mucho peor que antes.
Benicio se tensó y se acercó rápidamente.
—¿Ellie está herida?
Su preocupación desconcertó un poco a Eleonor.
En los últimos dos encuentros, la actitud de Benicio había sido inusual.
Totalmente opuesta a su comportamiento anterior, cuando la evitaba como a la plaga.
Iker, sin prestar atención a lo que ella pudiera estar pensando, respondió con voz grave:
—No se siente bien, la voy a llevar a casa.
—¡Tú encárgate de esto!
La última frase sonó tranquila, pero Benicio, que lo conocía desde hacía años, percibió el instinto asesino en sus palabras.
Solo que, frente a Simona, quien necesitaba mantener las manos limpias, no fue explícito.
Aquello coincidía con lo que pensaba Benicio.
Quien se atrevía a meterse con Eleonor, merecía morir.

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