Sin preocupaciones en mente, los nervios de Eleonor se relajaron y el sueño la venció rápidamente.
Durmió todo el camino. Al llegar al Chalet El Roble Dorado, no solo Susana Rodríguez la esperaba en la sala, sino que Florencia Herrera también estaba ahí.
Al ver entrar el Bentley al patio, Florencia, que había estado caminando de un lado a otro, salió apresuradamente. Abrió la puerta trasera y, al ver a Eleonor, su expresión se relajó.
—¡Casi me matas del susto!
Dijo Florencia mientras la ayudaba a bajar, revisándola de pies a cabeza.
—Apenas aterricé me enteré de que te habían secuestrado. ¿Cómo estás? ¿Te lastimaron? ¿Te sientes mal?
Últimamente tenía muchísimo trabajo; ir y venir en viajes de negocios el mismo día era común para ella.
Hoy, al bajar del avión, llamó a Eleonor y nadie contestó, así que contactó a Nil Jiménez. Al saber del secuestro, se puso tan nerviosa que decidió venir a esperar noticias con Susana.
Eleonor había dormido profundamente y se sentía mucho mejor. Al ver las ojeras de Florencia, sonrió con resignación.
—No me pasó nada. Pero tú, ¿otra vez te desvelaste?
Iker sabía que tenían mucho de qué hablar.
—Entremos. Justo es hora de cenar.
Eleonor tenía hambre, así que asintió.
Luego, notó que Iker la miraba con la clara intención de cargarla.
Ella negó con la cabeza rápidamente.
—Ya estoy bien, puedo caminar despacio.
Florencia supo que mentía para tranquilizarlas, pero no la delató. Solo la sostuvo con cuidado.
—Camina despacio, que todavía espero que mi ahijada nazca pronto para que me diga madrina.
Susana ya estaba en la puerta. Al ver que Eleonor estaba pálida, se apresuró a sostenerla del otro lado, sin olvidar regañar a Iker.
—¡Con esa fama que tienes de asustar a medio mundo, y resulta que no puedes cuidar ni a tu propia gente!
Iker venía reflexionando sobre eso todo el camino, así que aceptó el regaño sin chistar.
—Señora Rodríguez, es fácil esquivar una lanza, pero difícil defenderse de una flecha oculta. No es culpa de él —dijo Eleonor, tratando de mediar.
Todo tiene sus pros y sus contras. El poder de Iker atraía peligros ocultos.
Antes de decidir volver con él, ya había considerado todo esto.
Pasara lo que pasara, no volvería a dejarlo.
Además, en la villa había escuchado a Iker mencionar un nombre que le resultaba familiar.
Pero estaba tan dormida en el camino que no pudo preguntar.
Quizás... esto no solo lo había provocado Iker.
Tal vez tenía que ver con ella misma.
Susana vio lo unidos que estaban y no dijo más, solo ordenó a los empleados que sirvieran la cena.
Como Eleonor no había regresado, Susana y Florencia no habían tenido ánimos de comer.
Ahora, los cinco podían sentarse a la mesa tranquilamente.
Blanca colocó una infusión medicinal frente a Eleonor.
—Recién salida de la olla, cuidado que quema.

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