No solo Eleonor, incluso Susana percibió la rareza de la situación.
Al principio, cuando la familia Estrada llegó con tantos regalos, Susana pensó que era en agradecimiento porque Eleonor había curado las piernas de Yolanda. Pero ahora, por la actitud y las palabras de todos, empezaba a sentir que algo no cuadraba.
No parecía una simple visita de cortesía. Parecía más bien... como cuando la familia de la novia va a la casa del futuro esposo para marcar territorio.
Susana se alegró por Eleonor al ver que los Estrada la trataban con tanto cariño genuino. Pero esa alegría duró poco.
Violeta la miró un momento y dijo con una sonrisa:
—¿Cómo se encuentra usted? Escuché por Beni que se torció el tobillo hace poco.
Susana pensó que era una charla casual y sonrió amablemente:
—Sí, fue un descuido...
Iba a decir que ya estaba recuperada, pero Violeta se dio una palmada en el muslo, fingiendo gran preocupación:
—¡Ay, no! ¡Eso es terrible! Especialmente a nuestra edad, hay que cuidarse mucho.
Violeta hablaba con tal convicción que Susana no pudo interrumpir. Luego, la anciana miró a Eleonor:
—Ellie está embarazada y necesita cuidados. Estando aquí, seguramente usted tendrá que esforzarse para atenderla, y eso afectará su propia recuperación.
—Qué le parece esto —propuso Violeta tras una breve pausa dramática—: Deje que Ellie se venga una temporada con nosotros a la Villa Brisa Marina. Tenemos mucha gente desocupada que puede cuidarla entre todos.
Susana se quedó helada; no esperaba esa jugada. Eleonor estaba igual de sorprendida y miró a los demás miembros de la familia Estrada.
Sabía que Yolanda la quería, pero el entusiasmo de Violeta la tomó desprevenida. Quería saber si era idea de Yolanda o de todos. Para su sorpresa, al mirar alrededor, todos los Estrada la miraban fijamente, esperanzados.

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