Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 648

Al colgar el teléfono, Iker se volvió hacia el estudio. Al cerrar la puerta corrediza del balcón, levantó la vista y vio a Eleonor, que había entrado sin que él se diera cuenta.

Sin embargo, no le sorprendió demasiado.

Tratada como una muñeca de porcelana por toda la familia, Eleonor había logrado, con mucho esfuerzo, arrebatarle a César la tarea de llevar el café. Mientras dejaba la taza en el escritorio, preguntó con curiosidad:

—¿Qué pasó? ¿Qué es eso de tener la conciencia tranquila?

Acababa de entrar y no entendía nada.

Pero podía notar que el tono de Iker no era bueno.

Incluso, se percibía un leve rastro de ira.

Al verla, la irritación en el pecho de Iker se disipó un poco, pero la angustia aumentó.

Se acercó unos pasos y le acarició la cabeza.

—No pasa nada, no ha pasado nada.

No permitiría que le pasara nada más.

En cuanto a la familia Estrada, lo que pensaran o dejaran de pensar ya no importaba.

Si la trataban bien, él estaría encantado de que hubiera más gente que la quisiera de verdad. Si le fallaban, no diría ni una palabra sobre si Eleonor debía reconocerlos o no.

Independientemente del resultado, él siempre sería su refugio.

No sabía por qué, pero Eleonor detectó en su voz un intento de consolarla. Sostuvo su mirada y preguntó con suspicacia:

—¿De verdad no pasa nada?

Sentía que sí pasaba algo.

Y que tenía que ver con ella.

Iker no esquivó su mirada. Dudó un momento y preguntó:

—Para ti, ¿qué es lo más importante ahora mismo?

Eleonor se quedó atónita ante la pregunta.

Antes de tener a este bebé, lo más importante para ella era descubrir la verdad sobre la muerte de sus padres adoptivos y vengarlos. Más tarde, se sumó el deseo de aclarar su propio origen y encontrar a sus padres biológicos.

Pero anoche, cuando el dolor de vientre fue tan intenso, pareció quedarle un solo pensamiento: que su hijo pudiera llegar a este mundo sano y salvo.

Quería ser una buena mamá.

Quería tener una familia, un hijo con Iker.

Tal vez fuera un poco egoísta, pero antes de que naciera el bebé, no quería volver a arriesgar su seguridad.

Solo quería proteger primero a su hijo.

Al pensar en esto, volvió a mirar a Iker.

—Por supuesto, el bebé.

—Entonces, lo demás no importa —dijo Iker con una leve sonrisa—. No necesitas que nada afecte tu estado de ánimo.

—Ay, después de hoy, serás el «señor Estrada» y ya no el «doctor Estrada» a quien puedo explotar.

El médico con gastroenteritis, algo pálido y sin energía, se reclinó en la silla de la oficina y no perdió la oportunidad de bromear al ver entrar a Benicio.

Benicio no se inmutó. Tomó el vaso de agua de la mesa, bebió un trago y dijo con calma:

—Tranquilo, con mi papá encima, no será tan fácil llegar a ser el «señor Estrada».

Rufino había trabajado diligentemente en el grupo todos esos años y seguía siendo solo el «joven señor Estrada».

No había ningún puesto de «señor Estrada» disponible para él.

—Toc, toc.

De repente, alguien tocó a la puerta. Era una pasante de Recursos Humanos que acababa de ingresar.

—Doctor Estrada, por favor firme este documento para completar el proceso de salida.

—Claro.

Benicio asintió, dejó el vaso y caminó a zancadas hacia la puerta. Justo cuando iba a tomar el documento de manos de la pasante, vio algo por el rabillo del ojo y se detuvo en seco.

En ese instante en que sus miradas se cruzaron, le pareció ver un destello de sorpresa en el rostro de Florencia Herrera.

Pero muy rápido, ella recuperó su habitual despreocupación, curvó sus labios rojos y saludó sin el menor interés:

—Qué coincidencia.

Y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se fue.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado