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Mi Marido Prestado romance Capítulo 667

Ella sabía que Yolanda la trataba bien.

Pero, al fin y al cabo, Ireneo era el esposo de Yolanda y el padre de Simona.

Eleonor nunca había intentado sopesar la importancia de uno sobre el otro.

Además, Ireneo era el hijo de Leopoldo.

Sin embargo, que la familia Estrada llegara a tal extremo por ella era algo que claramente no se esperaba.

Para ella, que le hubieran quitado el poder a Ireneo ya era una retribución más que suficiente.

No imaginó que, además, enviarían al extranjero a un hombre de mediana edad como él.

Esta jugada no era un simple exilio. Era una forma de decirle a todas las familias con las que los Estrada tenían tratos que Ireneo había cometido un error garrafal y que podía despedirse del puesto de patriarca de la familia.

De ese modo, aunque Ireneo regresara en el futuro, cuando quisiera usar el nombre de los Estrada para pedir un favor, los demás primero sopesarían la postura de Leopoldo o Simona al respecto.

En resumen, un incidente como el que había organizado a escondidas para Amelia no volvería a ocurrir.

***

A un lado, Susana, que estaba al tanto de toda la historia, no pudo evitar comentar:

—Era lo menos que podían hacer. ¡Hay que ver qué persona tan insensata!

Tolerar a alguien que había hecho daño a su propia hija era simplemente absurdo.

Eleonor sabía que Susana siempre se pondría de su lado incondicionalmente, así que sonrió.

—Bueno, si ellos no hubieran entrado en razón, tampoco habríamos podido hacer mucho, ¿o sí?

No era como que pudieran ir a exigirles una explicación a los Estrada.

—En ese caso, simplemente habríamos cortado toda relación con la familia Estrada —resopló Iker.

Eleonor, tomándoselo a broma, respondió en el mismo tono:

—Con una amenaza como esa, ¿no crees que la familia Estrada se moriría del susto?

***

Cuando Benicio llegó al hospital, había bastante gente tanto dentro como fuera de la habitación, haciendo que la espaciosa suite VIP se sintiera un poco abarrotada.

Al verlo llegar, Rufino, que estaba de pie afuera, arqueó ligeramente las cejas.

—¿Hablaste con Iker?

—Sí, y seguro él ya se lo dijo a Ellie —Benicio asintió y echó un vistazo al interior, decidiendo no entrar—. Leopoldo todavía tiene energía para recibir visitas. ¿Parece que no es nada grave?

—Solo se le subió un poco la presión —respondió Rufino—. Yolanda no se quedó tranquila e insistió en traerlo al hospital.

Con esa explicación, Benicio entendió la situación.

Su madre estaba furiosa esta vez y decidida a darle una lección al hombre con el que había compartido su vida y que había estado tan confundido durante tantos años.

Que Leopoldo terminara en el hospital con la presión alta justo después de que Ireneo fuera enviado al extranjero… cualquiera podía adivinar el porqué.

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