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Mi Marido Prestado romance Capítulo 70

—En ese caso, seguramente tendremos que ir seguido al Grupo Rodríguez…

Mientras decía esto, Nil vaciló un momento, echando un vistazo rápido a la expresión de Eleonor.

El Grupo Rodríguez tenía dos torres, con laboratorios y centros de investigación dentro. La posibilidad de toparse con Iker no era tan alta, pero ahí estaba, flotando en el aire.

Eleonor soltó una sonrisa resignada.

—¿Por qué te pones igual que el profe?

Dejó los cubiertos a un lado y, con seriedad, agregó:

—Nil, tranquilo, sé perfectamente separar las cosas. No voy a dejar que lo personal afecte lo profesional…

...

En el segundo piso del restaurante, la puerta de un privado estaba abierta. Un hombre apoyaba sus dedos largos y definidos en la barandilla, su mirada oscura fija en la pareja que conversaba abajo.

La chica que frente a él siempre se mostraba distante, ahora se veía dócil, platicando con otro tipo, y vaya uno a saber qué estaban acordando.

—Iker, ¿qué tanto miras? ¿No vas a entrar o qué?

Un hombre de su misma edad salió, miró hacia donde él fijaba la vista y bromeó:

—Ah, ya vi, estás viendo a tu hermana.

—…Lárgate.

Iker le echó una mirada por encima del hombro, sin darle importancia. Con las manos en los bolsillos, bajó las escaleras.

—El resto del asunto lo arreglas tú, yo me voy.

—Perfecto, yo les digo que tuviste una urgencia.

Benicio Estrada, que comprendía la situación al vuelo, miró al hombre sentado frente a Eleonor y negó con la cabeza, como quien dice “qué desperdicio”.

—Tss. —Chasqueó la lengua—. Qué valor.

A cualquiera se le ocurre enamorarse.

...

Eleonor, al fin logrando que Nil se tranquilizara, vio cómo Iker, con el ceño fruncido y el ánimo tenso, caminaba directo hacia ellos.

Por un instante, se quedó inmóvil.

Nada la había preparado para encontrarse con él ahí. Instintivamente, quiso voltear la cara, fingiendo no haberlo visto.

Pero antes de que pudiera moverse, Iker ya estaba parado junto a la mesa.

Nil se levantó con una sonrisa cortés.

—Señor Rodríguez, qué coincidencia, ¿también viene a comer?

Iker asintió apenas.

—Ajá.

Ajá.

¿Eso qué significaba?

Después de nueve años, sus gustos y los de Iker seguían siendo increíblemente parecidos.

El resto de la comida, Eleonor la pasó como si estuviera sentada sobre agujas.

Cuando terminó su último trago de agua de coco y dejó el vaso, escuchó a Nil, sonriente:

—Hoy fue todo muy rápido. La próxima, espero tener la oportunidad de invitarlo a comer de manera formal, señor Rodríguez.

—Así está bien.

Iker respondió con su habitual tono de mando, sin darle mucha importancia.

Para Eleonor, eso significaba solo una cosa: la comida había terminado.

Siguió el ejemplo de Nil y se levantó de la mesa.

—Nil, te acompaño a la salida.

Pero antes de que pudieran avanzar, Iker los detuvo.

—Señor Jiménez, mi chofer está en la entrada. Permítame que lo lleve.

Iker sonrió apenas, en un gesto casi imperceptible.

—Tengo algo pendiente que platicar con mi hermana.

Hermana, hermana…

¿Ahora qué le pasaba? Cada que Nil estaba cerca, no perdía oportunidad de llamarla así.

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