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Mi Marido Prestado romance Capítulo 94

—¿Ahora por qué ya no quieres?

Renata soltó una sonrisa, como quien guarda un as bajo la manga.

—¿Y si después de darte el acta de divorcio, ya no quieres mantenerlo en secreto? ¿Qué hago yo?

Eleonor le recordó con calma:

—Firmamos un acuerdo, ¿o no?

—Ese tipo de acuerdos solo funcionan con gente decente —aventó Renata, con una mirada que dejaba claro lo que pensaba.

El mensaje era sencillo: para ella, Eleonor no era precisamente una persona confiable.

Pero Eleonor ni se inmutó.

—Entonces, ¿cuándo me la puedes dar?

—Cuando Fabián esté dispuesto a casarse por segunda vez…

—Eso no va a pasar —le cortó Eleonor, mirándola directo—. Desde el principio solo acepté ocultar esto por un tiempo. Cuando encuentres a alguien más para él, asunto resuelto.

Que si Fabián quería o no, ese era un asunto demasiado incierto. No pensaba quedarse atorada en ese juego.

—Mira, ya tienes el acta. Para ti, ¿de verdad importa tanto cuándo se haga público o cuándo la tengas en tus manos?

—Sí, sí importa —respondió Eleonor, firme.

Cada día que seguía ocultando el divorcio, seguía siendo, al menos de nombre, la señora Valdés. Tenía que actuar junto a Fabián, seguir el teatro.

Pero con todo lo que había pasado últimamente, solo quería dejar claro que ya no tenía nada que ver con ellos.

Renata no podía creer que su hijo, su adorado Fabián, fuera tan fácil de soltar para Eleonor, como si fuera un problema del que cualquiera quiere deshacerse. Contuvo su enojo, pero solo por poco.

—Un mes —aceptó, casi gruñendo—. Después de la fiesta del pueblo, ¿ya estará bien?

De todos modos, sabía que Fabián y Eleonor jamás se habían tenido mucho cariño. Ahora, con la temporada de fiestas, planeaba presentarle a Fabián varias chicas de familias reconocidas; tal vez por fin se animaba a mirar a alguien más.

Eleonor bajó la mirada. Dudó unos segundos, pero terminó cediendo.

—Está bien.

Aun así, necesitaba confirmar algo.

...

Al salir del estudio, Eleonor tomó la foto del acta de divorcio que Renata le había mandado por WhatsApp el día anterior, y se la reenvió a Florencia.

[Flori, ayúdame a revisar si el acta de divorcio es auténtica.]

Al fin y al cabo, Angelito era el único descendiente del hijo mayor. Aunque muchos no soportaban a Virginia, ahora que el coraje había pasado, la preocupación volvía.

Fabián levantó la cabeza y miró a Virginia, con una mirada que rogaba que no dijera más.

La abuelita, aunque era amable casi siempre, en la familia mandaba ella. Si el escándalo salía a la luz, Eleonor sería la más afectada.

Virginia dudó un momento.

—Debería preguntarle a Ellie…

La abuelita la miró extrañada.

—¿A Ellie? ¿Y eso qué tiene que ver con ella?

—Abuelita... mejor no me pregunte a mí —contestó Virginia, con la cara de quien está a punto de romper en llanto.

De pronto, la abuela golpeó la mesa con fuerza.

—¿Y ahora por qué te andas con rodeos? ¡Si te pregunto, contesta!

Virginia, como si no le quedara más remedio, soltó la bomba:

—Fue Eleonor quien empujó a Angelito desde las escaleras. Lleva días en el hospital y la herida de la cabeza no termina de sanar.

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