Después de la llamada, Alexander y yo quedamos de vernos en un prestigioso restaurante de la ciudad. Cuando se lo conté a Melania, la emoción llenó su rostro. Era la oportunidad que había estado esperando. Le dije que me sentía intrigada por lo que quería Alexander, pero ella me aseguró que no tenía nada de qué preocuparme. "Tienes mucho que ganar con esta cita", me aseguró, con una sonrisa cómplice.
—Tienes que estar deslumbrante —me dijo, mientras revisaba su guardarropa—. Muy hermosa, para que él se quede impactado.
—Mel, sabes que no pretendo agradarle a ningún hombre —le respondí, con el corazón aún pesado por la tristeza.
—Un hombre como Alexander King está acostumbrado a rodearse de mujeres hermosas. Tú eres preciosa, pero no está de más causar una mayor impresión.
Con el gran dolor por la pérdida de Tommy aún en mi corazón, accedí. A pesar de la tristeza que sentía, el fuego de la venganza y el deseo de hacer pagar a Alan y Karoline me dio las fuerzas necesarias para seguir adelante. El resultado de la transformación fue impactante. Por primera vez en días, me sentí poderosa, no rota.
Mientras yo me preparaba, Karoline seguía molesta por la forma en la que Alan la había tratado. Su silencio era una jaula de oro. A pesar de que él le había enviado un arreglo de rosas y una costosa joya, ella se mantenía distante. Era parte de su jugada, pues no quería perder el control sobre él y sabía perfectamente cómo manipularlo a su antojo. Él la intentó seducir y abrazar, pero ella se mostraba esquiva.
—Karoline, por favor... —su voz sonaba suplicante—. ¿Qué más puedo hacer para que me perdones?
—No es suficiente, Alan. Necesito más que flores y joyas para olvidar cómo me humillaste —respondió ella con frialdad.
Alan se veía desesperado, y eso le dio una idea.
—Para compensarte, y para que sepas que no me importa que nos vean públicamente, porque mi gran amor siempre has sido tú, te llevaré al mejor restaurante de la ciudad. Cenaremos y todos verán que estamos juntos.
Karoline sonrió por dentro. Vio en esa propuesta la oportunidad perfecta para terminar de avanzar en su relación con Alan, así que aceptó con toda la intención.
Cuando Alan regresó a su casa, la encontró vacía. La furia estalló dentro de él. Intentó llamarme, pero la llamada no entró, señal de que lo había bloqueado. Con un rugido de rabia, estrelló el teléfono contra el suelo y subió a arreglarse para su cita con Karoline.


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