Nanette lo miró desconcertada. —¿Las gracias? ¿Por qué?
—Por haberme tenido tanta confianza. Me queda claro que a partir de hoy, somos amigos de verdad.
Ese simple comentario borró toda la incomodidad que sentía Nanette.
Pero al regresar a su coche, el semblante de Noel se fue ensombreciendo por completo.
Isaac nunca lo había visto tan tenso, así que le preguntó con mucha cautela: —Jefe... ¿le pasa algo?
Noel intentó despejar su mente.
—Isaac.
—Dígame, señor Cortés.
—¿Alguna vez te ha gustado alguien?
Isaac se quedó en blanco por un par de segundos. —¿Eh?
—O mejor dicho, ¿alguna vez has estado enamorado en secreto de alguien? —aclaró Noel.
Isaac lo pensó seriamente. —Pues en la prepa me gustaba la chava que se sentaba enfrente de mí.
Por eso siempre le hacía bromas, para llamar su atención.
—Pero estaba chavito, uno a esa edad no sabe bien qué es el amor de verdad.
Noel se recargó en el asiento y miró lentamente por la ventanilla, perdiéndose de nuevo en sus pensamientos.
—Si la persona que te gustaba vuelve a aparecer en tu vida muchos años después, ¿intentarías conquistarla?
—Híjole, pues tal vez sí, o tal vez no. Ya pasó mucho tiempo, la gente cambia —respondió Isaac.
Desde el asiento trasero ya no se escuchó ninguna respuesta.
Isaac presentía que algo andaba raro.
—Jefe, ¿qué mosca le picó hoy? Lo noto muy distinto.
—¿Y cómo soy normalmente?
—Pues nunca se nota si está enojado o contento, nunca duda de sus decisiones, siempre lo tiene todo bajo control y es muy calculador. Pero el día de hoy...
Noel dejó de mirar hacia afuera, recargó la cabeza y cerró los ojos.
—¿Hoy qué?
—Hoy anda muy sentimental.
—Puede ser —admitió Noel.
—Jefe, ¿y por qué la pregunta de la nada?


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