—Si ya no quieres estar en la familia Godoy, por mí adelante. La puerta no tiene candado, puedes irte cuando quieras.
¡Vaya!
Por fin enseñaban el cobre.
Ese era el verdadero propósito de todo este teatro.
Al escuchar eso, Galileo se quedó de piedra.
—¡Abuela! Nanette no...
—¡Tú cállate! —le gritó Anatolia—. Si no te hubieras precipitado, no habrías metido a esta mujer a la casa. ¡Nos pusiste en vergüenza con todos!
Anatolia adoraba a su bisnieto y sus palabras eran puro veneno.
Ivón se sintió mal por su hijo.
—Mamá, no puedes culpar a Galileo. Esta mujer se obsesionó con él e hizo hasta lo imposible por meterse en nuestra familia.
Al terminar de hablar, Anatolia le echó una mirada llena de desprecio a Nanette.
Nanette repasó mentalmente la situación y de repente entendió todo.
Controló muy bien su expresión y agachó la cabeza.
—Abuela, mamá, perdónenme, fue mi error. Creí que a Mateo lo cuidaban muy bien y que no sería nada grave, por eso pensé que unos minutos más no harían diferencia.
—¡Huy, sí! —Ivón rodó los ojos—. ¿Qué más te va a importar a ti, aparte de quedarte con el dinero de la familia Godoy?
Nanette puso cara de arrepentimiento.
—Fui una descuidada. Abuela, castígueme.
Anatolia no esperaba que la situación tomara ese giro y se quedó desconcertada.
—Si quiere, me quedo a limpiar toda la casa hoy, como castigaron a Dina la otra vez —sugirió Nanette.
Esa idea le encantó a Dina.
—¡Sí, abuela! Que se ponga a limpiar. ¡Que se quede trabajando hasta que entienda lo que hizo!
—Ya que tú misma lo ofreces, entonces... —empezó a decir Anatolia.
—El detalle es que la próxima semana tengo un evento de caridad con Galileo —la interrumpió Nanette—. Si me dejan marcada o me ven hecha un desastre, van a empezar los chismes otra vez. Y la imagen del matrimonio perfecto que Galileo acaba de construir se va a ir a la basura.
A Anatolia se le atragantaron las palabras, pero no podía llevarle la contraria.
Lo que decía esa mujer tenía sentido.
Ahorita lo peor que podía pasar era que la imagen de Galileo se manchara.
—Abuela, mejor prohíbame comer por un día y oblígueme a quedarme encerrada en mi cuarto pensando en lo que hice —propuso Nanette.


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