—¿Acaso esto no es destruir una relación? ¿A quién intentas engañar, además de a ti misma?
—Suficiente, Camila —intervino Noel, con el rostro ensombrecido—. No pases de la raya.
—¡Miren eso, ya saltó a defenderte! ¡La protege como si fuera el tesoro más grande del mundo! ¿De verdad esperan que alguien se trague el cuento de que son «solo amigos»? ¿Saben cómo se le llama a eso? Ustedes son unos...
—¡Camila, ya basta!
Aterrado, Venancio le tapó la boca con la mano.
—¡No tienes límite!
Camila lo empujó con fuerza.
—¡No, no tengo límite! ¡Ya me harté! ¡Estoy harta de ver cómo todos fingen demencia y juegan al despiste!
—¡Y tú, Noel Cortés!
—Si tanto te gusta esta mujer, ¿por qué demonios no cancelas tu compromiso? Si la quieres, ¡cásate con ella! ¡Llévala al altar! Pero no, a ti te encanta tener el plato servido en casa y pellizcar la comida ajena. ¿Quieres tenerlas a las dos?
—¡Ah, lo olvidaba! Es que las familias acomodadas de Puerto Alba parece que disfrutan de tener un harén tradicional. ¿Quieres mantener la tradición familiar?
Nanette pudo ver el fuego ardiendo en los ojos de Noel.
Pero, más allá de la rabia, pudo percibir el profundo dolor en su mirada.
De repente, Nanette sintió que el corazón se le partía en mil pedazos.
No sentía pena por Camila, sino por Noel.
Le dolía verlo aplastado por obligaciones y responsabilidades que le impedían siquiera respirar, forzado a soportar un calvario sin poder defenderse.
Había nacido dentro de una jaula de oro y, aunque fuera el rey de las fieras, era incapaz de romper esos barrotes.
¿Qué más podía hacer él?
Con los ojos aguados por el sufrimiento de Noel, Nanette apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas.
Ver a Nanette tan afectada hizo que a Venancio se le revolviera el estómago de la impotencia.
—Noel... la verdad es que yo estoy enamorada de ti.
Nadie se esperaba que Camila soltara semejante confesión a gritos en medio de la discusión.
Noel bajó la mirada; su tono de voz fue absoluto y glacial.
—Si me hubieras dicho eso antes de hoy, te habría dado las gracias por el cumplido. Pero después de este espectáculo, solo te diré esto: no eres digna.

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