—Nanette.
Ella se detuvo en seco, sorprendida de que la hubiera seguido.
—¿Pasa algo más?
—Quería decirte...
Era raro verlo tan dudoso y cauteloso, lo que hizo que el tono de Nanette se suavizara un poco.
—¿Decirme qué?
—Te lo diré, pero no te enojes.
—De acuerdo.
—Noel tiene prometida. Deberías mantener cierta distancia de él. La Srta. Zamora y su familia tienen el mismo peso y poder que la familia Cortés; no son personas comunes que puedas desafiar. Si ella se llega a enterar de que hay algo entre tú y Noel, me preocupa que...
Galileo no terminó la frase.
El corazón de Nanette dio un vuelco, y ella misma completó el pensamiento.
—¿Te preocupa que intente hacerme daño?
Galileo asintió.
—Sí.
Nanette esbozó una sonrisa amarga.
—No sé si ella me hará daño o no, pero de lo que sí estoy segura es de que tanto la familia Zamora como Don Joaquín irán tras de mí.
Galileo se sorprendió.
—Vaya, lo tienes muy claro.
Nanette se rio de sí misma.
¿Cómo no lo iba a tener claro?
—Nanette, si... y hablo hipotéticamente... —Galileo habló con mucha precaución—, si llegas a necesitar ayuda, puedes llamarme. Fuimos esposos, no te dejaría sola a tu suerte.
Esta vez Nanette no le respondió con sarcasmo; al contrario, le habló con calma.
—Gracias.
—No hay necesidad de formalidades entre nosotros.
—Galileo —Nanette lo miró a los ojos y pausó unos segundos—. Valora de verdad a quien es buena contigo. No cometas los mismos errores. Ya experimentaste lo que es arrepentirse después de perder algo, una vez es suficiente.
Galileo quiso decir algo, pero al final se quedó callado.
—Vete con cuidado.

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