Para deshacerse de él lo antes posible, asintió aturdida.
—Sí, sí, sí, estuviste increíble. Apaga la luz y duérmete ya.
Hacía tiempo que no hacían ese tipo de «ejercicio» y era bastante agotador.
Máximo seguía parloteando en su oído.
—Ya que tu esposo se esforzó tanto, amor, ¿no deberías darme una recompensa material?
Nina soltó un murmullo ininteligible.
—Te aumenté el límite de transferencias en la app del banco. Tienes mil pesos para gastar en lo que quieras.
Máximo soltó una risa incrédula.
Le sacudió suavemente el hombro y preguntó con insistencia: —¿El límite son solo mil pesos?
Nina empezaba a impacientarse.
—No hay más. No seas un hombre interesado.
Máximo ignoró la broma y acercó los labios a su oreja.
—Amor, con estos mil pesos, ¿puedo comprar lo que yo quiera?
Nina se dio la vuelta, robándose toda la cobija en el proceso.
—Compra lo que se te dé la gana, pero cállate ya, tengo sueño.
Al segundo siguiente, cayó profundamente dormida.
Por eso no escuchó la última frase de Máximo: —Está bien, entonces usaré tu propina para hacer viral una noticia.
***
A la mañana siguiente, al despertar, Nina descubrió que tenía cientos de mensajes en su celular.
Eran de amigos y compañeros de clase.
Algunos cercanos, otros no tanto.
Todos parecían preguntar lo mismo: «Nina, ¿te casaste?».
El mensaje de Cintia estaba anclado al principio.
La firma al final era un simple nombre: Máximo.
Los comentarios estaban llenos de felicitaciones de todas partes.
Los amigos de juerga de Máximo también estaban sorprendidos por la noticia bomba.
Fernando Ríos, Dante Hidalgo y hasta Rafael Lavigne, allá en Puerto Nuevo, no daban crédito.
Antes les extrañaba que Máximo, quien cuidaba a Nina como a la niña de sus ojos y hasta iba a tener un hijo con ella, no hablara de boda.
Hasta que Máximo publicó las actas, todos entendieron.
Resulta que este par ya eran marido y mujer legalmente desde hacía más de un año.
¡Qué bien se lo tenían guardado!
Al ver que Máximo había hecho pública la noticia de esa manera, a Nina le dio un vuelco el corazón del coraje.
Agarró el celular y marcó el número de Máximo, pero la mandó directo a buzón.
Estaba apagado.

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