Alicia jamás imaginó que llegaría el día en que le tenderían una trampa para una cita a ciegas.
La autora intelectual fue una «amiga de la familia» que sus padres acogieron años atrás. Tras la muerte accidental de su esposo, la mujer se había quedado a vivir en su casa bajo el pretexto de ayudar con el servicio doméstico.
Al principio, cuando supo que Alicia salía con Santino, esa mujer soltaba comentarios sarcásticos. Decía que la familia Vargas y la familia Benítez no eran de la misma clase social y que era cuestión de tiempo para que botaran a Alicia.
No fue hasta hace poco, cuando los Benítez y los Villalobos anunciaron su gran alianza matrimonial, que esa mujer, que se hacía llamar su tía postiza, dejó de disimular su regocijo. Todos los días le recordaba a Alicia que no debía hacerse ilusiones.
«Tienes las expectativas muy altas, así nunca te vas a casar».
Alicia había discutido con esa señora imprudente varias veces, pero como ella había ayudado a sus padres en el pasado, su familia siempre le pedía que tuviera paciencia.
Por eso, Alicia cada vez tenía menos ganas de volver a casa.
El hombre que tenía enfrente era el hijo de esa señora.
Decían que había estado trabajando en el extranjero, pero que los negocios no le fueron bien y planeaba «reiniciar» su vida en el país.
—Mi mamá dice que todavía no te graduabas de la universidad y ya te habías acostado con hombres.
En cuanto el tipo abrió la boca, a Alicia le dieron ganas de echarle el agua encima.
No es que Alicia fuera superficial, pero el hombre frente a ella, que ya se estaba quedando calvo, tenía cero inteligencia emocional. Apenas rozaba los treinta, pero parecía de cuarenta. Probablemente había comido demasiada comida chatarra en el extranjero sin cuidarse, porque estaba hinchado como un globo.
Alicia, que debería estar furiosa, de repente sonrió.
—Así es. No solo me acosté con hombres, sino que fue con más de uno.
—Oiga, señor, usted que vivió fuera, no sea tan anticuado. ¿A poco su mentalidad se quedó en la Edad Media?
El sujeto se molestó. —Tengo veintinueve años.
Alicia fingió sorpresa y soltó un «¡Ah!» exagerado.
—¿Pasaste por algo terrible allá afuera? ¿Por qué te ves tan acabado?

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