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No Tan Bruja (Nina y Maximo) romance Capítulo 1191

Aunque Máximo no hubiera sacado el tema, Nina ya tenía planeado enviar a los niños con Frida unos días para que ayudaran a cuidarlos.

Por muy serios y responsables que fueran los empleados, nada se comparaba con el amor sincero que un familiar podía darles.

Desde que nacieron, Frida se había ofrecido a cuidarlos.

Gracias a los tratamientos y cuidados de Nina, Frida gozaba de una salud envidiable y un espíritu radiante. Como su hijo y su nuera siempre estaban ocupados, ella se moría de ganas de tener a sus dos nietecitos revoloteando a su alrededor.

Al ver a Máximo dudar, Nina lo miró con cara de pocos amigos.

—Entonces, ¿los mandamos o no?

Por un lado estaba su amada esposa, y por el otro, esos adorables bebés que se pasaban el día compitiendo por su atención.

Tras una breve lucha interna, Máximo apretó los dientes, endureció el corazón y soltó una sola palabra:

—¡Mándalos!

Aunque le dolía en el alma, decidió ser el «padre desalmado» con tal de tener a Nina para él solo.

Así fue como, tras vivir solo dos meses en Bahía Azul, los bebés fueron enviados a casa de la abuela por sus «crueles» padres.

Con el inicio del ciclo escolar, Nina volvió a su modo de trabajo intenso.

Durante su recuperación posparto, había desarrollado varios proyectos nuevos que ahora entraban en fase experimental. Mientras Nina no paraba, Máximo tampoco se quedaba atrás.

La empresa seguía expandiéndose, y su agenda estaba repleta de juntas interminables. Además, cada dos por tres, la pareja tenía que asistir a eventos sociales, consolidándose como las figuras más populares de todo Puerto Neón.

Después de eso, Derek y Olimpia aprendieron la lección: se acabaron los favores mal entendidos. Ahora que su hija se había casado con un magnate, su estatus en Puerto Neón había subido como la espuma.

Por otro lado, Flora, la que juraba que no se casaría con nadie que no fuera Benito, fue enviada al extranjero por su propia familia tras acosar a Alicia un par de veces.

Claro que Benito tuvo mucho que ver en eso.

Qué hizo exactamente, Alicia nunca lo supo. Ese era el estilo de Benito: no permitía que nadie ni nada incomodara a la gente que le importaba. Si Flora insistía en fastidiar, lo mejor era mandarla lejos.

Alicia le llegó a preguntar si había tenido algo que ver con Flora en el pasado, pero la respuesta de Benito casi le provoca un infarto:

—No hay pasado. No la conozco de nada.

Y no mentía. Realmente no sabía quién era Flora ni de dónde sacaba ella la confianza para hablar de alianzas matrimoniales con la familia Dávila.

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