Máximo borró lentamente su sonrisa.
—No interferiré en los asuntos internos de tu familia. Mientras encuentres el paradero de La Parca pronto, te daré lo que desees.
Victoria prometió apresuradamente:
—Usaré todos los medios para encontrar a La Parca.
No fue hasta que la empleada de los Corbalán acompañó a Victoria a la salida que ella recordó algo importante que no había mencionado. Nina seguía detenida en la comisaría, ¿verdad?
***
A medianoche, varios rayos morados cayeron sobre el cielo de Puerto Neón.
La gente, profundamente dormida, no notó el extraño fenómeno.
Máximo y Nina dormían en sus respectivas casas.
Cuando cayó el rayo, ambos sintieron una corriente eléctrica recorrer sus cuerpos al mismo tiempo.
Esa noche, todos durmieron muy profundamente.
Por la mañana, Máximo se despertó porque sentía el brazo entumecido y dolorido.
Abrió los ojos confundido y vio que quien compartía la almohada con él era nada menos que... ¿Nina?
Ella estaba recargada sobre su brazo, con la mejilla pegada a su pecho. Un camisón de seda negro de tirantes resaltaba su piel suave y tersa. El camisón era muy corto, apenas cubría su cadera, dejando sus largas piernas completamente expuestas ante él.
Máximo se dijo a sí mismo que aquello tenía que ser un sueño.
Cerró los ojos, esperó un buen rato y, al abrirlos de nuevo, la escena seguía siendo la misma.
Máximo miró a su alrededor con cautela y descubrió que no estaba en su amplia y lujosa recámara de Bahía Azul.
Su mente trabajaba a toda velocidad. ¿Qué lugar era ese? ¿Por qué amaneció en la misma cama que Nina?
Nina se movió en sus brazos. Máximo contuvo la respiración, esperando a ver qué pasaba.
Nina, despertando del sueño, también notó algo raro. Abrió los ojos lentamente y se encontró con la mirada de Máximo.
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