Nina, tras ver el video, preguntó:
—Antes de dormirte anoche, ¿te pasó algo raro?
Máximo pensó detenidamente.
—Si tengo que mencionar algo raro, en sueños sentí como si me diera un toque eléctrico.
Nina recordó:
—Anoche yo sentí lo mismo.
Máximo la miró a los ojos.
—Entonces, ¿aparecí aquí por esa corriente?
Ambos se quedaron sentados en la cama, sin palabras.
Máximo solo llevaba puesta su ropa de dormir. Para salir de casa de Nina, tuvo que pedirle prestado el celular para llamar a Ramiro y pedir ayuda.
Una hora después, Ramiro tocó el timbre de la casa de Nina con una bolsa de ropa y zapatos.
Vio a Máximo sentado en la sala en pijama, pareciendo el dueño de la casa.
—Máximo, ¿cómo… cómo llegaste aquí? Ustedes…
Ese par estaba peleando el divorcio en el Registro Civil ayer, ¿y una noche después ya dormían juntos?
Máximo tomó la bolsa y se metió al baño.
Ramiro dirigió una mirada inquisitiva a Nina, que ya estaba vestida.
Nina señaló al baño.
—Pregúntale a él.
Cinco minutos después, los tres salieron uno tras otro.
Máximo advirtió a Nina en voz baja:
—Lo de anoche, que no salga de aquí.
Nina se ajustó el cubrebocas por costumbre.
—Mientras tú cierres la boca, te aseguro que nadie lo sabrá.
Ramiro no entendía nada, pero intuía que se había perdido un chisme monumental. Sin embargo, no se atrevía a preguntar.
En la entrada del fraccionamiento estaba estacionado el costoso vehículo de Máximo.

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