Nina, tras ver el video, preguntó:
—Antes de dormirte anoche, ¿te pasó algo raro?
Máximo pensó detenidamente.
—Si tengo que mencionar algo raro, en sueños sentí como si me diera un toque eléctrico.
Nina recordó:
—Anoche yo sentí lo mismo.
Máximo la miró a los ojos.
—Entonces, ¿aparecí aquí por esa corriente?
Ambos se quedaron sentados en la cama, sin palabras.
Máximo solo llevaba puesta su ropa de dormir. Para salir de casa de Nina, tuvo que pedirle prestado el celular para llamar a Ramiro y pedir ayuda.
Una hora después, Ramiro tocó el timbre de la casa de Nina con una bolsa de ropa y zapatos.
Vio a Máximo sentado en la sala en pijama, pareciendo el dueño de la casa.
—Máximo, ¿cómo… cómo llegaste aquí? Ustedes…
Ese par estaba peleando el divorcio en el Registro Civil ayer, ¿y una noche después ya dormían juntos?
Máximo tomó la bolsa y se metió al baño.
Ramiro dirigió una mirada inquisitiva a Nina, que ya estaba vestida.
Nina señaló al baño.
—Pregúntale a él.
Cinco minutos después, los tres salieron uno tras otro.
Máximo advirtió a Nina en voz baja:
—Lo de anoche, que no salga de aquí.
Nina se ajustó el cubrebocas por costumbre.
—Mientras tú cierres la boca, te aseguro que nadie lo sabrá.
Ramiro no entendía nada, pero intuía que se había perdido un chisme monumental. Sin embargo, no se atrevía a preguntar.
En la entrada del fraccionamiento estaba estacionado el costoso vehículo de Máximo.
Nadir frunció el ceño.
—¿Qué tiene de malo el edificio nuevo? Equipo avanzado, espacio amplio, hasta te puedo poner una cámara frigorífica.
—No me gustan los lugares con mucha gente. No te preocupes por la nueva ubicación, ya encontré una solución.
Nina dejó de girar el bolígrafo colocó una cajita sobre el escritorio.
—El regalo que te debía, aquí está.
Los ojos de Nadir brillaron y abrió la tapa apresuradamente. Dentro había tres píldoras negras del tamaño de un pulgar, despidiendo un fuerte aroma a hierbas.
Nina tomó una cereza grande del frutero, la limpió y se la metió a la boca.
—Viejo, nunca me haces caso. Últimamente has fumado, bebido y te has desvelado mucho, ¿verdad? Presión inestable, paros cardíacos, hígado y riñones en mal estado. Bájale a la comida frita, tienes hígado graso por lo menos en grado moderado. Las tres píldoras son para salvarte la vida en un momento crítico.
Nina comió varias cerezas más y luego murmuró contando con los dedos:
—No manejes esta semana, vete temprano a casa después del trabajo, evita andar de noche y si tienes tiempo el fin de semana, ve a rezar a la iglesia.
Nadir reprimió su emoción.
—Estas píldoras, ¿te las mandó tu papá?

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