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No Tan Bruja romance Capítulo 179

Él notó de inmediato que algo andaba mal con Nina: se veía demacrada, tenía los ojos inyectados en sangre y las mejillas ardiendo.

Al ponerle la mano en la frente, la expresión de Máximo se oscureció aún más.

—¿Tienes fiebre?

Nina apartó su mano sin mucha fuerza y señaló con la barbilla el alboroto frente a ellos.

—¿Qué es todo esto?

¡Qué molestia!

Era la segunda vez que Máximo le arruinaba los planes.

Por poco esa botella de agua le caía en la cara, lo que le habría dado la justificación perfecta para desahogarse a golpes.

Máximo no dio explicaciones. Cargó a Nina en brazos con una actitud tan dominante que no admitía rechazo.

—Vente conmigo.

Al pasar junto a los estudiantes que habían estado armando lío, Máximo ni siquiera se dignó a mirar a nadie. Incluyendo a Liam, que se había preparado para jugar al héroe.

Con dos días y dos noches sin pegar el ojo, Nina estaba agotada física y mentalmente.

«Bueno, ya que alguien dio la cara por mí, qué flojera discutir con esta basura», pensó.

Como una gatita que ya se había divertido suficiente en la calle, se dejó llevar tranquilamente en los brazos de Máximo hacia el coche.

Apenas subió al vehículo, se acurrucó en el pecho de él y se quedó dormida.

Nina durmió largo y tendido. Cuando despertó, ya eran las tres de la tarde.

Máximo tenía una pila de documentos a su lado. Al ver que Nina despertaba, dejó el contrato que estaba leyendo y la ayudó a acomodarse en una posición cómoda contra la cabecera de la cama.

Le midió la temperatura con un termómetro infrarrojo: treinta y siete punto dos.

Todavía estaba un poco alta.

Máximo le puso un parche refrescante en la frente.

—El médico dijo que no has descansado bien y que te enfermaste por el frío. Te puso una inyección para la fiebre antes de irse y recomendó que descanses mucho los próximos días y tomes tus medicinas a tiempo.

La ayudó a sentarse bien en la cama.

—¿Cómo te sientes ahora?

La conciencia de Nina seguía un poco borrosa.

—Mareada. Y tengo un poco de hambre.

Cómo no iba a tenerla, llevaba dos días sin comer; tuvo suerte de no desmayarse ahí mismo.

Máximo ordenó a la cocina que prepararan una sopa ligera y algo suave.

Preocupada de que Máximo actuara por su cuenta, le advirtió:

—Quiero ver cuántas cartas les quedan a los Cárdenas. Solo sabiendo sus cartas podré saber cómo mover mis fichas.

Al ver la determinación de Nina, Máximo no insistió.

Cambió de tema:

—Estos últimos dos días…

Nina adivinó lo que iba a preguntar.

—Estuve haciendo experimentos en el laboratorio.

—¿Experimentos que te impidieron dormir dos días seguidos? —preguntó él, algo molesto.

Nina no quería compartir sus asuntos privados, así que puso una excusa vaga.

—Necesitaba unos datos con urgencia.

Máximo la miró con intensidad.

—¿Estás enojada conmigo por lo del Orbe Laberíntico?

Con el regalo de un ex en casa, era normal que Nina no estuviera contenta.

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