—Ya te dije que donarle un riñón es imposible.
Gonzalo estaba a punto de estallar cuando Nina añadió:
—Conozco a un médico muy bueno que puede mantenerlo con vida usando medicamentos. Una dosis a la semana, y en un mes su cuerpo estará en condiciones óptimas para la cirugía. Durante ese tiempo, puedes buscar un riñón con calma; si la familia Cárdenas está dispuesta a gastar dinero, eventualmente encontrarán la oportunidad para el trasplante.
Lo que quiso decir fue que ella podía ayudar a extender el tiempo de espera de Ángel, pero donar su riñón no era negociable.
Gonzalo alzó la voz:
—¿Medicamentos para salvarle la vida? ¿Es una broma? He llevado a Ángel a todos los hospitales, grandes y pequeños, y no tiene otra opción más que el trasplante.
—Si no has conocido a una «verdadera eminencia», no hables tan a la ligera.
Gonzalo extendió la mano.
—Bien, dame el contacto de ese supuesto «maestro» ahora mismo.
—¿No creerás que te voy a ayudar gratis, verdad?
Gonzalo sintió otro golpe en el pecho.
—Dime tus condiciones.
Nina no se anduvo con rodeos:
—Quiero la mitad de la fortuna de los Cárdenas.
Gonzalo casi escupe sangre del coraje.
—¡Imposible!
Nina se encogió de hombros.
—Entonces nuestra negociación termina aquí.
—Nina, ¿me estás tomando el pelo?
—Si me atrevo a poner esa condición, es porque tengo con qué respaldar mis palabras.
Nina sacó un frasco pequeño de su bolsa.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja