—Ya te dije que donarle un riñón es imposible.
Gonzalo estaba a punto de estallar cuando Nina añadió:
—Conozco a un médico muy bueno que puede mantenerlo con vida usando medicamentos. Una dosis a la semana, y en un mes su cuerpo estará en condiciones óptimas para la cirugía. Durante ese tiempo, puedes buscar un riñón con calma; si la familia Cárdenas está dispuesta a gastar dinero, eventualmente encontrarán la oportunidad para el trasplante.
Lo que quiso decir fue que ella podía ayudar a extender el tiempo de espera de Ángel, pero donar su riñón no era negociable.
Gonzalo alzó la voz:
—¿Medicamentos para salvarle la vida? ¿Es una broma? He llevado a Ángel a todos los hospitales, grandes y pequeños, y no tiene otra opción más que el trasplante.
—Si no has conocido a una «verdadera eminencia», no hables tan a la ligera.
Gonzalo extendió la mano.
—Bien, dame el contacto de ese supuesto «maestro» ahora mismo.
—¿No creerás que te voy a ayudar gratis, verdad?
Gonzalo sintió otro golpe en el pecho.
—Dime tus condiciones.
Nina no se anduvo con rodeos:
—Quiero la mitad de la fortuna de los Cárdenas.
Gonzalo casi escupe sangre del coraje.
—¡Imposible!
Nina se encogió de hombros.
—Entonces nuestra negociación termina aquí.
—Nina, ¿me estás tomando el pelo?
—Si me atrevo a poner esa condición, es porque tengo con qué respaldar mis palabras.
Nina sacó un frasco pequeño de su bolsa.
Para darle prestigio a su hija, el primer día de clases, una Alma de muy buen humor llevó personalmente a Victoria a la escuela. La razón no era otra que la repentina mejoría de su hijo, a quien los médicos casi daban por muerto; sin duda, una noticia para celebrar.
Cuando Alma, cargada de joyas, entró del brazo de su hija por la puerta de la Academia Omega, causó revuelo entre la multitud.
Alma había sido una actriz muy popular en su tiempo; aunque llevaba años retirada, aún tenía mucha influencia.
Algunos la saludaban, otros le pedían autógrafos, y Victoria se convirtió en el centro de atención de los nuevos ingresos bajo el brillo de su madre.
Con la promoción de Alma, la noticia de que Victoria era una genio académica se corrió rápido.
Una chica exclamó:
—No puedo creer que la genio y belleza que ganó el primer lugar en el concurso de seguridad cibernética vaya a ser mi compañera.
Alma le echó más flores a su hija:
—Comparado con las ciencias, lo que mejor se le da a mi Victoria son los idiomas. Domina inglés, japonés, alemán, italiano y francés, y ahora está aprendiendo chino y ruso. Antes de entrar, ya era la «candidata ideal» para la familia Corbalán.
La palabra «candidata ideal» fue dicha por Alma con mucha ambigüedad. Si era seleccionada como empleada de los Corbalán o como la mujer de Máximo, eso quedaba a la imaginación de cada uno.

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