Nina iba a bajarse de la cama cuando sintió que le agarraban el brazo.
Sus ojos mostraron cautela.
—¿Qué haces?
—Quizá tu propuesta de anoche sea viable —dijo Máximo.
—¿Qué propuesta?
—Tener un hijo.
Nina le quitó la mano de un manotazo, se puso una bata de seda ligera y lo miró por encima del hombro.
—Mi vientre es demasiado humilde para tu linaje dorado.
Dicho esto, se metió al baño y azotó la puerta.
Al ver la puerta cerrarse en su cara, Máximo soltó una risa.
La niña era joven pero tenía su carácter. Al parecer se había enojado.
Para que los empleados no supieran de su matrimonio secreto, durante el desayuno mantuvieron un silencio tácito.
Cuando Nina se mudó, Ramiro había advertido que ella era una "pariente lejana" de Máximo que se hospedaría ahí temporalmente, que debían atenderla bien y no hacer preguntas.
Iris los observaba a escondidas. Al ver que Máximo no le dirigía la palabra a Nina, confirmó sus sospechas.
Al parecer, a Máximo no le caía bien esa "pariente lejana".
Si no, no estarían desayunando sin decirse ni pío.
Aunque la familia Corbalán tuviera una fortuna para varias vidas, siempre había parientes pobres queriendo colgarse para sacar provecho.
Esa Nina creía que por tener una cara bonita Máximo la trataría diferente. Qué ingenua.
Iris sirvió huevos estrellados y le dijo a Máximo con voz melosa:
—La señorita Cárdenas llamó hace media hora. Dice que anoche perdió un arete y no sabe si se le cayó en su coche. Pidió que, si tiene tiempo, por favor lo cheque.
Máximo miró instintivamente a Nina.
Ella seguía revisando noticias en su celular, haciendo oídos sordos.
Máximo le hizo un gesto a Iris para que se retirara.
Miró a Nina, pero ella seguía concentrada en el celular, claramente indiferente a sus asuntos.
Máximo sintió un nudo en el estómago y rompió el silencio:
—¿A dónde vas al rato?
Nina ni levantó la cabeza.


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