Ella creía que nadie notaría su presencia en aquel rincón oscuro. Sin embargo, no sabía que Nina ya la había descubierto desde el momento en que apareció sigilosamente.
A través del espejo retrovisor, Nina vio la mirada cargada de odio de Victoria.
—¿Te venía siguiendo Victoria? —le preguntó a Máximo, que iba al volante.
Máximo no le ocultó nada.
—Fue a buscarme a la empresa esta mañana. Quería que anunciara nuestro compromiso antes de tiempo.
»Su argumento fue que me ayudó a encontrar a La Parca de las Trece entre tanta gente.
Máximo sabía que Victoria lo seguía y tenía claro qué motivo oculto había detrás de esa ridícula exigencia de matrimonio. Desde que el negocio de la familia Cárdenas se había ido a pique, Gonzalo Cárdenas vivía a diario con el terror de la bancarrota. Vender a su hija era la última carta que le quedaba a Gonzalo.
Nina soltó una carcajada.
—¿Y lo anunciaste?
Máximo la fulminó con la mirada.
—¡Qué voy a anunciar! Ni siquiera tengo un compromiso con ella.
Nina rió con más ganas.
—Ximito, no sabía que decías groserías.
—Se me pega lo tuyo.
—¿O sea que es mi culpa?
—¿No estás enojada?
Nina, en una postura relajada, apoyó la barbilla en la mano, recargándose en la puerta del copiloto.
—¿Por qué habría de estarlo?
—Victoria de repente me está presionando para casarnos.
Nina sonrió con total indiferencia.

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