Entrar Via

No Tan Bruja romance Capítulo 631

Ramiro se tapó la boca con la mano y le susurró a Máximo:

—Parece que la señorita Villagrán no nos cobró precio de cuates la última vez, sino la tarifa de mercado.

Máximo se quedó sin palabras.

Sintió un golpe en el orgullo al pensar que él era especial para ella. Resultaba que Nina cobraba parejo, sin distinciones.

Catalina, por su parte, sentía cada vez más que Nina no era más que una payasa.

—Yo también quiero ver si, después de sacarle quinientos pesos al señor, realmente puedes curar la enfermedad del señor Vázquez.

Nina tomó los cinco billetes de cien pesos.

—Lo repito una vez más: el señor Vázquez no está enfermo. Le hicieron un maleficio y su efecto dura veinte años.

—Conforme avanza la edad, el cuerpo se debilita más y más.

—Si no se rompe el hechizo antes de que se cumplan los veinte años, morirá por insuficiencia cardíaca.

Mientras hablaba, Nina sacó el bolígrafo giratorio que siempre llevaba consigo.

Con un ligero movimiento de muñeca, disparó varias agujas de plata desde el interior del bolígrafo.

Tomando a Rodrigo totalmente desprevenido, le pellizcó ambos lados del dedo medio de la mano derecha.

Lo observó un instante y clavó las agujas rápidamente en los puntos vitales: el surco nasolabial, los pulgares y las muñecas.

—Las Trece Agujas —dijo mientras las insertaba—. Cada una en el punto exacto. Se colocan doce y se deja una. Es la regla sagrada: una ofrenda al destino.

A medida que Nina aumentaba la velocidad, Rodrigo sintió claramente que algo maravilloso ocurría en su cuerpo.

Durante todos estos años, había sentido como si cargara una montaña sobre la espalda. Caminar unos pasos lo dejaba sin aliento y hasta respirar acostado le resultaba agotador.

Había pasado incontables años haciéndose estudios con los equipos más avanzados, y los resultados siempre decían que no tenía nada anormal.

Recorrió los mejores hospitales, pero los médicos se quedaban de brazos cruzados ante su condición. Al no encontrar la causa, no podían recetarle nada.

Así que Rodrigo no tuvo más remedio que arrastrar su supuesto cuerpo enfermo en una búsqueda interminable de cura.

Tenía a la leyenda frente a sus narices y no se había dado cuenta; se sentía el hombre más estúpido del mundo.

El único al que todavía no le caía el veinte era Yeray.

—Señor Máximo, la señorita Villagrán hasta puede romper maleficios, ¡es buenísima!

—¡Un momento! ¿La Parca de las Trece? ¿Las Trece Agujas? ¡Es demasiada coincidencia, cabrón!

Al notar que Máximo y Ramiro lo miraban como si fuera un imbécil, Yeray reaccionó de golpe.

—¡No manches! ¿No será lo que estoy pensando?

—¿Acaso la señorita Villagrán es La Parca que el señor Máximo lleva buscando más de un año?

Al escuchar el apodo de La Parca en boca de Yeray, los curiosos no pudieron contener la emoción y soltaron exclamaciones de asombro.

—¿De verdad es ella la legendaria Parca?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja