—¡Puro cuento! —dijo otro—. ¿Cómo va a ser La Parca si está bien chavita? Parece estudiante de prepa.
Mientras el murmullo de la discusión crecía, Nina terminó el tratamiento de Rodrigo.
Al retirar las agujas de plata una por una, el color volvió al rostro de Rodrigo a una velocidad impresionante.
Sin necesidad de ayuda, se puso de pie con facilidad.
Estiró las extremidades con gusto, sintiendo como si tuviera una energía inagotable en el cuerpo.
—Qué bien se siente esto, caray.
Nina guardó las agujas desinfectadas en el bolígrafo.
—Ve a que te hagan un chequeo general. Si hay algún problema, me buscas.
Rodrigo no encontraba palabras para describir su estado de ánimo.
—Señorita Villagrán, si me curo por completo, pídame lo que quiera, el precio no importa.
Nina hizo un gesto de indiferencia con la mano.
—No hace falta ningún regalo. Si de verdad quieres agradecer, agradécele a él. Venimos juntos.
A Nina le daba flojera lidiar con esos compromisos sociales, así que prefería dejarle el paquete a Máximo.
Rodrigo le dio las gracias a Máximo de todo corazón.
—Señor Máximo, no tengo cómo pagarle esto. Si en el futuro necesita algo de mí, solo dígalo.
Máximo apenas salía del shock de saber que Nina podía ser La Parca.
—Al ver que su salud ha mejorado, señor Vázquez, me alegro sinceramente por usted.
Rodrigo no podía ocultar su felicidad.
—Señor Máximo, usted sí que cumple. Ayer hablamos de buscar a La Parca y hoy me trae a la mera mera.
Máximo guardó silencio.
Él también se acababa de enterar de la otra identidad de Nina. Todavía lo estaba procesando.
El que peor se tomó la realidad fue Enzo.

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