Máximo le hizo una seña a Ramiro, que estaba a su lado.
—La lista está lista. Repártela para que la vean los señores.
—Los que estén en la lista se quedan; los que no, se van solitos.
Ramiro entregó las listas impresas a cada uno.
Al ver sus nombres en el papel, los seleccionados mostraron alivio y sorpresa. Los que habían sido borrados, miraron a Máximo con incredulidad.
—Señor Corbalán, ¿me puede dar una razón para mi exclusión?
El que preguntó fue un hombre de mediana edad con cara de buena gente. Había revisado la lista varias veces y no se encontraba.
Máximo le echó una mirada.
—Ah, es el señor Saldívar de Altamar Partners. ¿Seguro que quiere que anuncie la razón frente a todos?
Este señor Saldívar parecía muy honesto, pero por la espalda era otra cosa.
Como era de esperarse de ZERO, el genio del hackeo, cuando Nina investigó sus antecedentes, sacó a la luz todos los trapos sucios escondidos en los rincones más oscuros.
Hasta ese momento, el señor Saldívar no se daba cuenta de su situación.
—Siempre he hecho negocios de manera limpia, no tengo nada que ocultar.
—Muy bien —dijo Máximo—, ya que al señor Saldívar no le da miedo manchar su imagen, le daré una explicación.
Tiró un expediente sobre la mesa frente a él.
—Hace tres años, transfirió una suma de dinero a Estados Unidos con la excusa de los estudios de su hija.
—La investigación arrojó que ese dinero fue usado por un laboratorio extranjero para investigar patógenos.
—Hace dos años, cuando hubo un brote fuerte de gripe en el país, ciertos grupos ganaron mucho dinero, y entre ellos estaba la empresa del señor Saldívar.
—Ah, y escuché que se lleva muy bien con Luis Wilches.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Tan Bruja