Nancy, que también había quedado con unas amigas para cenar en ese restaurante, presenció la escena.
Recién llegada a Puerto Neón, Nancy no podía evitar relacionarse con sus antiguas amistades. Como figura central del círculo de la alta sociedad local, su estatus permanecía intacto a pesar de haber estado fuera más de un año. A su alrededor siempre estaban las herederas de las familias más ricas, quienes, por supuesto, sabían que Nancy y Máximo habían tenido una historia.
—Nancy, el que le está poniendo la bufanda a esa chica se parece cada vez más a tu hombre. Ya volviste del extranjero, ¿cómo se atreve a andar de coqueto por ahí?
Al ver la intimidad entre Máximo y Nina, los ojos de Nancy mostraron un destello de celos. Ante la burla de sus amigas, forzó una sonrisa magnánima.
—No digan tonterías, mi relación con Máximo ahora es muy pura. Él es libre de estar con quien quiera, yo no tengo derecho a interferir.
Decía que no tenía derecho, pero sus ojos destilaban posesividad. Sus amigas rieron.
—Te fuiste más de un año, es lógico que te haga un berrinche —dijo una, señalando a Nina con la barbilla—. ¿Quién es esa mujer? Para haberse colgado de Máximo Corbalán, debe tener sus mañas.
Como la cara de Nina estaba medio cubierta por la bufanda, las amigas de Nancy no podían ver bien quién era. Sin embargo, alguien reconoció su identidad.
—Yo la ubico. Creo que es estudiante de la Academia Omega. Se apellida Villagrán, le dicen “Nini” o algo así, se me olvidó. Hace unos días hubo una competencia en el mundo de los videojuegos, ella participó y dicen que ganó.
Otra chica de sociedad soltó una risita burlona.

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