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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1

—Lo siento, señora, no podemos abrir su expediente con los documentos que proporcionó.

—¿Por qué?

—Porque su esposo ya abrió un expediente en nuestro hospital con otra mujer. ¿Gusta checar si el acta de matrimonio que nos dio o la identificación de su esposo tienen algún error?

Elena Navarro había ido al hospital ilusionada con su revisión prenatal, pero al intentar registrarse, la realidad le cayó encima de golpe.

—¿Cómo va a ser posible? Mi esposo y yo llevamos cinco años casados, siempre nos hemos llevado muy bien. ¿No será un error del hospital?

La enfermera la miró con una expresión complicada, como si no supiera cómo decirle las cosas.

—No hay ningún error. Los datos de la identificación de ese señor y su acta de matrimonio están en nuestro sistema. Hace quince días, él y la mujer que aparece como su esposa en el acta vinieron a abrir su expediente y a una revisión.

Un mal presentimiento se le instaló de golpe, y por un instante Elena sintió que perdía el piso.

Intentó calmarse, convencida de que el hospital se había equivocado.

Diego Romero la amaba profundamente, no podía creer que la hubiera traicionado.

Llevaba tres años preparándose para el embarazo; aguantó dolores, se inyectó infinidad de veces y por fin había logrado concebir.

Como Diego llevaba quince días de viaje de negocios y aún no regresaba, quería darle una sorpresa, así que no le había dado la noticia.

Nunca imaginó que al venir al hospital se toparía con semejante locura.

Sí, seguro era una confusión.

Se obligó a serenarse otra vez.

Salió del elevador como ida. Iba a ir al Registro Civil a checar si había algún problema con su acta de matrimonio, cuando de pronto vio acercarse a dos personas conocidas. Por puro instinto, se escondió detrás de un pilar y observó, impotente, cómo su esposo, Diego, tomaba por la cintura a una mujer joven con ternura y le acariciaba el vientre con suavidad.

En cuanto reconoció a la mujer, los ojos se le humedecieron.

Era Adriana Castillo, la hija de uno de los socios de Diego. Tenía veinte años, diez menos que él.

La joven se colgó de su cuello y le habló con un mimo descarado, sin importarle estar en un lugar público.

—Mi amor, ¿crees que nuestro bebé se parezca a ti o a mí?

La voz de Diego se llenó de una ternura que Elena conocía demasiado bien.

—Ojalá se parezca a ti, para que sea encantador.

Pasaron junto a Elena sin notarla.

Ella apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas, pero no sintió ningún dolor.

Jamás imaginó que Diego la engañaría.

Durante esos quince días, el hombre que le hacía videollamadas todas las noches diciéndole cuánto la extrañaba había estado acompañando a otra mujer.

Y ella, como una idiota, le había creído. Aguantó inyecciones y tratamientos solo para darle un hijo.

Qué absurdo, qué burla.

Los siguió. Vio con sus propios ojos cómo su esposo y su amante terminaban la revisión médica, salían del hospital y se subían a un coche.

Capítulo 1 1

Capítulo 1 2

Capítulo 1 3

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