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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1030

En comparación con los ostentosos trajes de diseñador de Eustaquio y Milena, la ropa de Elena y Alejandro era bastante sencilla e informal.

Sin embargo, en cuestión de porte, belleza y figura, Elena y Alejandro los hacían pedazos.

Todo el personal del estudio sentía que la diferencia era casi humillante.

Pero a los ojos de Milena, ella seguía siendo infinitamente superior a Elena.

Es más, hasta la miraba con un toque de lástima.

Elena está con Alejandro y no solo no han tenido una boda formal, sino que ni siquiera se han tomado fotos de novios.

Y para colmo, cuando por fin logran salir a tomarse una simple foto familiar, el gran Alejandro ni siquiera se molesta en comprarle ropa de diseñador.

Visto así, Alejandro ni siquiera valora tanto a Elena.

Milena sintió cómo un torrente de superioridad le inflaba el pecho.

Por eso dicen que una mujer debe tener mucho cuidado al elegir a su hombre.

¿De qué sirve que Alejandro sea el soltero más codiciado si no está dispuesto a gastar su dinero ni a esforzarse por su mujer? No sirve para nada.

En cambio Eustaquio siempre me trata como a una reina y me complace en todo.

Es evidente que mi matrimonio será muchísimo más feliz que el de esa tal Elena.

Evidentemente, Elena ni se imaginaba todo el teatro que Milena se estaba armando en la cabeza.

La vez anterior, le había pedido a Javier que llamara a las autoridades y presentara una denuncia formal contra ella.

Pero nadie contaba con que la familia Valiente moviera tantas influencias para lograr sacarla impune.

Sin decirse ni una sola palabra, pasaron de largo y cada familia se fue a su sesión fotográfica.

Cuando terminaron con sus fotos, Elena y Alejandro se acomodaron en la sala de espera junto a su hija, aguardando pacientemente a que el editor terminara de revelar las imágenes.

Aurora estaba tan cansada de tanto sonreír que se quedó completamente dormida apoyada en el hombro de Alejandro.

Eustaquio y Milena ya llevaban varias rondas de fotos.

Se suponía que ya habían concluido, pero cuando Milena revisó los resultados en la computadora, puso el grito en el cielo.

Alegaba que el fotógrafo la hacía ver gorda, que los ángulos estaban mal y que no capturaban ni la mitad de su esplendor.

El fotógrafo no sabía ni qué decir ante semejante barbaridad.

Para empezar, las cámaras siempre tienden a ensanchar un poco a las personas.

Además, si Milena no cuidaba su figura en lo absoluto, ¿cómo diablos esperaba que él hiciera el milagro de convertirla en una modelo de revista?

Como Eustaquio era incapaz de contradecirla en algo, de inmediato le exigió al fotógrafo que repitiera toda la sesión.

Se pasaron otras tres largas horas tomando fotos.

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