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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 138

Al verla con esa actitud de que no le importaba nada, Natalia soltó un bufido mental.

Ya vería si podía seguir tan tranquila cuando salieran los videos de seguridad.

El director Herrera llegó con el personal de sistemas y, ante la expectativa de todos, abrió las grabaciones recuperadas.

Justo en ese momento llegó Adriana. Al ver que todos estaban reunidos mirando algo, se acercó por curiosidad.

De repente, al ver la pantalla de la computadora, se quedó de piedra. Quiso detenerlos, pero ya era demasiado tarde.

Todos estaban sorprendidos al ver en el video cómo Adriana no solo borraba los datos de su propia computadora, sino también los de la computadora de Emiliano.

Y no solo eso; también había provocado intencionalmente el incendio del laboratorio al mezclar reactivos en el experimento de Elena, causando la explosión. Luego, se había escabullido en secreto, echándole toda la culpa a su compañera.

En ese momento, todos se dieron cuenta de que Adriana había armado todo ese teatro.

Los colegas que antes habían seguido el juego al difamar a Elena de pronto no supieron dónde meterse.

Dieron un paso al frente para disculparse con ella y fulminaron a Adriana con la mirada.

Los empleados del Grupo Romero no se atrevieron a decirle nada a Adriana.

Pero los del Grupo Vargas no tenían por qué guardarle consideración.

Esteban, que tenía el carácter impulsivo, al darse cuenta de que lo habían manipulado, la encaró de inmediato:

—Se supone que eres la directora de investigación y desarrollo del Grupo Romero, ¿no? Quién diría que eres pésima para tu trabajo, pero buenísima para tender trampas y difamar a la gente. A este paso, me pregunto si no habrás conseguido tu puesto con esas mismas mañas.

—Aquí no estás en el Grupo Romero. Si quieres causar problemas, vete a tu empresa. ¿A qué vienes al Grupo Vargas, sino a fastidiar a los demás y retrasar el proyecto? ¿No tienes vergüenza?

Ante los duros ataques de Esteban, Adriana se puso de todos los colores, pero fue incapaz de decir una sola palabra para defenderse.

Por respeto a Diego, el director Herrera intentó calmar los ánimos:

—Bueno, ya. Todos regresen a sus puestos, yo me encargaré de este asunto.

Tras decir eso, se dirigió a Adriana:

—Adriana, vamos a hablar.

Al ver que a Elena le daba igual, Adriana se enfureció aún más.

—Si no fuera por ti, yo no sería el hazmerreír de todos. ¿Por qué no te largas de este equipo de una vez, Elena? ¿Acaso es porque quieres seguir detrás de Diego?

Elena replicó con burla:

—La que debería largarse del equipo eres tú, por incompetente. Y para que te quede claro, no ando detrás de Diego. Si tú no sabes cuidar a tu hombre, no vengas a echarle la culpa a los demás, ¡solo quedas como una tonta!

Sin darle tiempo de responder, se dio la media vuelta y se fue, dando por terminado el día.

Adriana la vio marcharse con una rabia cada vez más difícil de contener.

Si no fuera por Elena, no estaría pasando por esa situación.

Ella siempre había sido la princesa consentida de todos; ¡qué derecho tenía una don nadie como Elena de competir contra ella!

La rabia la consumía por dentro.

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