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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 141

Isidora vio a Alejandro y a Elena entrar al elevador e intentó alcanzarlos, pero llegó un paso tarde.

Se mordió el labio y no le quedó de otra que esperar a que el elevador volviera a subir.

En eso, se acercó Emiliano con la cosmetiquera que Elena había olvidado.

Al ver a Isidora, Emiliano le preguntó:

—Señorita Valverde, ¿de casualidad vio a Elena hace un momento?

Isidora asintió.

—Acaba de bajar.

Emiliano le hizo una petición con cierta incomodidad:

—Señorita Valverde, me acaba de salir un pendiente urgente. Si usted también va para abajo, ¿le molestaría entregarle esta cosmetiquera a Elena? Se le olvidó.

Isidora sonrió y tomó la bolsita.

—Claro, no hay problema.

Emiliano le dio las gracias y se fue.

Una vez dentro del elevador, Isidora abrió la cosmetiquera de Elena.

Al ver que solo usaba maquillaje barato, sintió cierto desprecio.

«Tanto escándalo por haberse casado con un Romero, y aun así se ve de lo más corriente. Con razón está tan empeñada en acercarse a Alejandro», pensó.

De pronto, Isidora reparó en un reloj de hombre guardado entre las cosas de Elena.

¿Acaso no era el reloj de Alejandro?

¿Qué hacía entre las cosas de Elena?

El rostro de Isidora se endureció.

Mientras tanto, Elena y Alejandro ya habían llegado al estacionamiento.

Alejandro se dirigió a ella:

—Señorita Navarro, si gusta, la llevo a su casa.

Elena negó con la cabeza.

—No se moleste, hoy ya tengo planes.

Diego le había mandado un mensaje antes de salir del trabajo para decirle que irían juntos al hospital a visitar a la abuela.

Para no preocuparla, Elena tenía que mantener la farsa del matrimonio feliz y actuar como si todo estuviera perfecto con Diego.

Al ver el coche de Diego a lo lejos, Elena se despidió de Alejandro y caminó hacia allá.

En ese momento, la voz de Isidora resonó a sus espaldas.

—¡Elena, se te olvidó esto!

Elena no se percató del cambio en la actitud de Alejandro; lo único que quería era despedirse rápido de Isidora para poder zafarse del abrazo de Diego.

—Señor Vargas, señorita Valverde, nosotros nos retiramos.

Elena se subió al coche de Diego.

Al verlos alejarse, Isidora le comentó a Alejandro con una sonrisa juguetona:

—Alejandro, se nota que Elena y Diego están súper enamorados, ¿verdad? Me comentó la señora Romero que están intentando embarazarse.

Alejandro respondió con una frialdad imposible de disimular:

—¿Ah, sí?

En el coche, Diego miraba a Elena de reojo, midiendo cada una de sus reacciones. Al notar que no parecía molesta, se animó a hablar:

—Elena, sobre lo de Adriana... no la corrí del equipo a pesar de que te difamó. No estás enojada, ¿verdad?

Llevaba rato preocupado, pensando que ella le dejaría de hablar por eso, y hasta había ensayado varias formas de contentarla.

Elena mantuvo un semblante inexpresivo.

—¿Por qué habría de enojarme? Entiendo que lo hiciste por el bien del Grupo Romero.

Enojarse no iba a cambiar nada.

Además, a esas alturas, lo que hicieran él o Adriana ya le daba igual.

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