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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 142

Diego temía que ella le reclamara, pero verla tan distante, como si nada de eso la afectara, lo inquietó todavía más.

Las cosas no debían ser así.

Antes, ella habría estallado al ver cómo favorecía a Adriana. ¿Por qué ahora ni siquiera parpadeaba?

Intentó sondearla de nuevo:

—Si estás molesta, dímelo de frente, Elena. Somos esposos, no tienes que guardarte nada conmigo.

—En serio, no estoy enojada —respondió ella con un tono gélido.

Diego estaba seguro de que se lo estaba ocultando. Soltó un suspiro.

—Claro que estás enojada. Mira, vamos a hacer una parada antes. Quiero comprarte algo para compensarte. Ya después nos vamos a ver a la abuela.

—No hace falta. —Ella no quería absolutamente nada que viniera de él.

Pero Diego ni siquiera la tomó en cuenta; giró el volante y cambió de rumbo.

Llegaron a una joyería exclusiva. Diego se bajó con Elena y la guio al interior de la tienda.

—Escoge lo que quieras. Lo que más te guste, te lo compro —le dijo.

La vendedora, al ver llegar a un cliente así, se acercó enseguida con una gran sonrisa para atenderlos.

Elena no tenía el más mínimo interés.

Sin embargo, sabía perfectamente que si no escogía algo rápido, Diego no la dejaría en paz ni saldrían de ahí.

Para salir del paso, señaló un collar de diamantes rosas.

—Señorita, tiene un gusto excelente. Este diamante rosa es el modelo más reciente que nos acaba de llegar, una pieza de colección extraordinaria.

Elena no se imaginaba que, por escoger al azar, le había atinado a lo más caro de la tienda.

Igual, tampoco le dolía que Diego gastara su dinero.

Seguramente los regalitos que le compraba a Adriana salían mucho más caros.

Diego, al ver que aceptaba el regalo, dio por hecho que ya lo había perdonado y pagó con su tarjeta sin borrar la sonrisa del rostro.

—¿Quieres ver algo más?

—No, así está bien.

Tomó la bolsa con la compra y se dispuso a salir, sin suavizar en lo más mínimo su distancia.

Diego notó que seguía fría y la tomó de la mano para tratar de suavizarla:

Antes de perder el conocimiento, Diego alcanzó a ver el rostro de Elena, lleno de pánico.

De pronto, una memoria se abrió paso en su mente: el incendio de hacía cuatro años.

En aquel entonces, ambos quedaron atrapados entre las llamas.

Elena se había desmayado y él estaba a punto de colapsar por asfixia debido al humo.

Cuando los bomberos entraron a rescatarlos, él les ordenó que sacaran a Elena primero, y él los siguió de cerca.

De repente, una viga de madera ardiente se desplomó sobre él.

Recibió el impacto y se desmayó.

Entre la neblina de la inconsciencia, alguien lo había salvado.

Al despertar en el hospital, lo primero que vio fue a Adriana, empapada en lágrimas.

Fue Adriana quien entró al fuego para rescatarlo.

Él siempre había creído ciegamente en esa versión.

Pero en ese instante, al ver el rostro de Elena, tuvo la repentina sensación de que la persona que había corrido hacia las llamas para salvarlo se parecía demasiado a ella.

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