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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 214

Lucía sonaba furiosa, aguantando el coraje a duras penas.

—El proyecto con el Grupo Valiente es un desastre. Vuelo de regreso a Ciudad del Río esta noche. Prepárate, mañana a primera hora nos vamos para allá.

Elena no entendía nada.

—Pero si siguen el plan de trabajo que les dejé, no tendría por qué haber ningún problema.

—¡Todo es por culpa de la estúpida de Adriana!

Lucía, que estaba a punto de subir al avión, no quiso dar más detalles y colgó de golpe.

A la mañana siguiente, Elena y Lucía llegaron a las oficinas del Grupo Valiente.

En el departamento de investigación, todos estaban completamente desbordados.

Cuando le avisaron que había llegado gente del Grupo Romero, el director de investigación, el señor Cruz, no pudo ocultar su malestar.

Todo el problema había empezado precisamente porque Adriana se había dedicado a intervenir sin criterio, retrasando por completo el proyecto. ¿Y ahora el Grupo Romero tenía el descaro de mandar a más gente a estorbar?

Al ver a Lucía y a Elena, el director Cruz apenas las miró y ni siquiera se molestó en saludarlas.

Lucía tomó la iniciativa con voz calmada:

—Director Cruz, le presento a Elena, nuestra consultora. Nos gustaría que nos explicara el problema a detalle para que ella nos ayude a solucionarlo.

El hombre recorrió a Elena de arriba abajo y, al verla tan joven, su desdén se hizo todavía más evidente.

¿Qué le pasaba al Grupo Romero? ¿Creían que cualquiera podía hacer ese trabajo?

—Vicedirectora Romero, no me venga con bromas. ¿Acaso no ve el desastre que ya tenemos aquí? —le reclamó.

Como buena directiva, Lucía supo manejar la situación. Tras un par de frases conciliadoras, logró convencer al director Cruz de reunirse para buscar una solución.

Ya en la sala de juntas, después de escuchar a los investigadores del Grupo Valiente, Elena entendió por dónde iba la cosa y armó un plan en su cabeza.

Lucía, que no sabía nada del área técnica, la miró y le susurró:

—¿Crees poder arreglarlo?

Elena asintió.

Con un peso menos de encima, Lucía dejó que ella tomara la palabra.

Al ver a Lucía y a Elena, frunció el ceño.

Se había levantado a las once de la mañana, y apenas se enteró del problema con el proyecto, quiso ir a salvar el día. Lo último que esperaba era toparse con Elena.

—Lucía, Elena... ¿qué hacen aquí? —les preguntó.

Lucía ni se molestó en contestarle. Soltó una risita fría y miró hacia otro lado.

En eso, Hugo salió de su oficina. Al ver al grupo, se acercó sonriente a saludar a Lucía.

Luego se dirigió al director Cruz.

—¿No me habían dicho que había un problema con el proyecto? ¿Ya quedó?

—Sí, acabo de hablarlo con la gente del Grupo Romero y ya tenemos la solución —respondió el director.

Estaba a punto de darle el crédito a Elena, cuando Hugo volteó hacia Adriana y la llenó de halagos:

—Seguro fue gracias a la señorita Castillo, ¿verdad? Tan joven y tan brillante.

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