El director Cruz, algo confundido, iba a aclarar las cosas, pero le sonó el celular y tuvo que apartarse para contestar.
Lucía y Elena se quedaron calladas, sin intención de desmentirlo.
Para Elena, el asunto era simple: como Lucía le había pagado, no le correspondía a ella andarse colgando las medallas del proyecto.
Adriana, al escuchar las alabanzas de Hugo, asintió con todo el descaro del mundo.
—Sí, claro. Estos días he estado muy al pendiente del proyecto del Grupo Valiente. Cualquier detallito que salga, yo lo resuelvo.
Lucía, sin querer ni verla, se dirigió a Hugo:
—Señor Valiente, ¿tiene tiempo para ir a comer?
—Claro que sí —asintió Hugo. Sin embargo, al mirar a Elena, que estaba junto a Lucía, su expresión se volvió un tanto despectiva.
Lucía notó que a Hugo no le caía bien Elena. Además, sabía que a ella no se le daban bien esos compromisos sociales, así que le dijo:
—Tú ya vete a descansar.
Elena asintió y salió de las oficinas del Grupo Valiente.
Lucía se fue a comer con Hugo, Adriana y el director Cruz.
Durante la comida, Hugo no dejó de elogiar a Adriana. El director Cruz, siendo un simple empleado, no se atrevió a contradecir a su jefe y se limitó a comer en silencio.
Al terminar, se despidieron y salieron del restaurante.
Adriana alcanzó a Lucía antes de que subiera a su coche y le preguntó sin poder disimular la expectativa:
—Oye, Lucía, ya que estás aquí, ¿Diego también regresó?
—No —respondió Lucía con frialdad—. Me vine antes porque me enteré del desastre en este proyecto.
—Ah... —Adriana no pudo ocultar su decepción.
Al ver que Adriana no tenía ni una pizca de remordimiento, Lucía le advirtió entre dientes:
—De ahora en adelante, deja de intervenir en el proyecto del Grupo Valiente. Si surge algún problema, consúltalo con Elena y deja de estorbar.
Adriana la miró, incrédula.
—¿Por qué? ¡Yo soy la directora de investigación! ¿Por qué siempre te pones del lado de Elena?
Lucía soltó una carcajada seca.
El objetivo de Elena era pujar por un dije de zafiro antiguo, mientras que Isabel iba con toda la intención de hacer contactos y conseguir clientes.
—¡Ay, Elena, mil gracias por traerme! —Apenas puso un pie en el salón, Isabel entendió que estaba rodeada de gente con muchísimo poder y dinero.
El lugar estaba atascado de empresarios poderosos. Si lograba conseguir uno o dos clientes ahí, sus ingresos del año podrían dispararse.
—Ni lo menciones —sonrió Elena. Después de haber resuelto el problema del Grupo Romero, pedirle un par de invitaciones a Lucía era lo mínimo.
Se sentaron en la zona central. Mientras tomaba asiento, Elena vio a la señora Valverde en la primera fila.
Justo en ese momento, la señora Valverde volteó. Elena le hizo un leve movimiento de cabeza a modo de saludo. La mujer le devolvió una sonrisa cálida.
—¿Conoces a esa señora? —le susurró Isabel.
Elena asintió.
—Es la señora Valverde. Ha ayudado mucho a la familia Romero con varios proyectos.
Isabel no pudo evitar hacer un coraje.
—Qué suerte tienen los Romero, de verdad. Siempre terminan bien rodeados; están llenos de contactos importantes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....