Elena preguntó desconcertada:
—¿Por qué?
—Quiero que entiendas que si me quedo en el hospital para cuidar a Isidora —respondió Alejandro—, es solo porque recibió una puñalada por mi madre. No hay ningún otro motivo sentimental.
Elena se quedó pasmada mirándolo.
«¿Por qué me está dando explicaciones?»
El sentido de aquellas palabras era demasiado claro.
Sin embargo, Elena no se atrevía a creerlo.
La luz del quirófano se apagó, las puertas se abrieron desde adentro y sacaron a Isidora en una camilla.
Alejandro se puso de pie y se dirigió a Elena:
—Voy a ver a Isidora. Si estás cansada, le diré al chofer que te lleve a casa.
Ella negó con la cabeza.
—No es necesario, puedo irme sola.
—Deja que el chofer te lleve —insistió Alejandro con firmeza.
Al final, Elena no tuvo más remedio que regresar en el coche de Alejandro.
***
—La paciente sufrió daños en los nervios espinales. Hay un setenta por ciento de probabilidad de que quede paralítica. La familia debe estar preparada.
Al escuchar las palabras del médico, Alejandro se quedó helado.
La señora Vargas miró con profundo dolor a Isidora, que seguía inconsciente, y luego se volvió hacia Alejandro.
—Alejandro, Isidora salió herida por protegerme. Si no fuera por ella, yo sería la que estaría acostada en esa cama. Te lo digo desde ahora: no me importa si logra recuperarse o no, quiero que te cases con ella. Es lo mínimo que la familia Vargas le debe.
Tiempo atrás, cuando Matías tuvo aquel accidente y quedó atrapado en su coche a punto de explotar, a Isidora no le importó arriesgar su propia vida y luchó con todas sus fuerzas para sacarlo de ahí.
Aunque Matías terminó perdiendo la vida, la señora Vargas nunca olvidó lo que Isidora había hecho por él.
Que Matías hubiera podido conservar el cuerpo intacto y marcharse con dignidad fue gracias a que Isidora arriesgó la vida por él.
Y esta vez, el hecho de que ella estuviera sana y salva, también era porque Isidora la había salvado.
—Si te soy sincero, no creo que sea buena idea que te involucres con la señorita Navarro en este momento. Piénsalo: tus tíos creen que las únicas personas que te importan son tu mamá y tu hermana, y como ellas tienen guardaespaldas, no corren tanto peligro. ¿Pero qué hay de la señorita Navarro? Es una mujer normal. Si deciden poner los ojos en ella, las consecuencias podrían ser desastrosas. Alejandro, ¿de verdad quieres arrastrarla al fango de las peleas internas de la familia Vargas? ¿Crees que ella esté lista para ser tu esposa y aguantar todo ese peso?
Alejandro frunció el ceño.
—Elena no es tan frágil como crees.
Si tuviera los mismos antecedentes que Isidora, con lo brillante y talentosa que es, opacaría a cualquier niña rica de buena familia.
—Pero Elena necesita tiempo para fortalecerse —insistió Javier, tratando de hacerle entrar en razón—. Incluso si de verdad la quieres, tienes que aguantarte. Es la única forma de protegerla.
Alejandro soltó una risa sarcástica.
—¿Entonces me sugieres que me aleje de ella solo para asegurar mi puesto como heredero de la familia Vargas?
—Es lo más sensato.
—Ya encontraré otra manera —respondió Alejandro con frialdad—. No pienso renunciar ni a la familia Vargas ni a Elena.
—¿Y si te obligan a elegir solo una?
—No va a llegar el punto en que tenga que elegir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....