—¡Ni se te ocurra, Alejandro! —La señora Vargas se levantó del sillón de un salto, echándole chispas por los ojos.
Alejandro soltó una risa ahogada y dejó el vaso en la mesa.
—Mamá, no te metas en mis cosas.
Dicho eso, dio media vuelta para subir las escaleras.
Su madre fue tras él y le soltó una orden:
—No me importa qué locura traigas en la cabeza. Que te quede claro: jamás voy a aceptar a Elena. La única nuera que entrará a la familia Vargas es Isidora.
Después de una semana tan pesada de trabajo, Alejandro ya estaba agotado, y el interrogatorio de su madre terminó de agotar su paciencia.
—Mamá, si Isidora tantas ganas tiene de ser la nuera de los Vargas, adelante. Al fin y al cabo, era la prometida de Matías. Puede elegir casarse con su tablilla conmemorativa.
—¡Alejandro!
La señora Vargas nunca imaginó que su propio hijo pudiera decirle algo tan cruel.
Se dejó caer en el sillón y empezó a secarse las lágrimas, todavía temblando de rabia.
Matías había muerto en un accidente, y ahora Alejandro no hacía más que darle disgustos. Sentía que le había tocado la peor de las suertes.
El ama de llaves, la señora Delgado, trató de consolarla:
—Señora, no se altere. El joven Alejandro solo está confundido por ahora. Ya verá que con el tiempo se dará cuenta de lo buena muchacha que es la señorita Valverde.
La señora Vargas contuvo la rabia y dijo con firmeza:
—No tengo tiempo para esperar a que reaccione. Dile a la agencia que siga moviendo la noticia en la prensa. Quiero que todo el mundo se entere de que Alejandro e Isidora van a comprometerse muy pronto.
***
La noticia de la inminente unión entre la familia Vargas y la familia Valverde no solo estaba en boca de todos en Ciudad del Norte, sino que acaparó los titulares en Ciudad del Río.
Elena ignoró todo ese alboroto. Le pidió permiso al profesor Álvarez para ausentarse del trabajo y se dedicó en cuerpo y alma a cuidar a su abuela.
Después de revisarla, el doctor Rojas programó la cirugía para tres días después.
Su tía Carmen también pidió días libres para turnarse con ella en el hospital.
El día de la operación, Diego apareció en el hospital.
Sin embargo, los escoltas de la familia Vargas le impidieron el paso en la entrada.
No le quedó más remedio que marcarle a Elena.
—Elena, yo sé que terminamos mal, pero una cirugía así es algo muy delicado. Tenía que venir a apoyarte a ti y a tu abuela.
—Diego, ¿qué te pasa? ¿Cómo te atreves a firmar un contrato que tiene tantos errores?
Diego reaccionó y, al ver a su hermana, preguntó desorientado:
—¿Qué pasó, Lucía?
Lucía soltó una risa seca y cruzó los brazos.
—Dime tú qué te pasa. ¿Te peleaste con Adriana o Elena volvió a enfrentarte?
Diego se molestó ante la falta de tacto de su hermana.
—Hermana, traigo problemas personales fuertes. ¿No puedes ser un poco más comprensiva?
—¿Te parece que no somos comprensivas? —replicó Lucía, desesperada de ver lo irresponsable que era—. Tus otras dos hermanas y yo estamos cargando con la empresa para sostenerte, y tú solo piensas en tus enredos sentimentales.
Al ver a su hermano menor tan decaído, a Lucía se le bajó un poco el coraje y terminó cediendo.
—Ya, dime. ¿Qué pasó ahora?
Lucía era su confidente, así que Diego terminó por contarle todo lo que había pasado con Elena.
—¿Tú crees que Elena de verdad me quiere dejar, hermana? —le preguntó, lleno de dudas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....