Al final, el hambre le ganó. Elena destapó el vaso y empezó a comer poquito a poco.
La pasta estaba en su punto y el caldo tenía muy buen sabor. Sin darse cuenta, se lo terminó todo.
Dejó los cubiertos a un lado, agarró su celular y le escribió un mensaje a Alejandro:
[Muchísimas gracias por la cena, señor Vargas.]
Alejandro no tardó ni un minuto en contestar:
[De nada.]
A la mañana siguiente, su tía Carmen llegó para relevarla.
—Ve a casa a descansar. Yo me encargaré de todo a partir de ahora.
Elena asintió y se estiró un poco para quitarse lo entumido del cuerpo.
De repente, su tía la agarró del brazo y le susurró:
—Oye, las enfermeras me contaron que ese muchacho que está allá afuera pasó toda la noche en el pasillo... ¿Será posible que le importes más de lo que aparenta?
A Elena se le subieron los colores al rostro y no supo qué responder.
Su tía le dio unas palmaditas de apoyo:
—Pues yo le echo buen ojo, la verdad. Si a ti también te late, anímate a salir con él. No dejes que por culpa del patán de Diego se te cierren las puertas al amor. ¡Híjole! Si yo me topara con uno así de guapo y atento, me volvía a casar con los ojos cerrados.
Elena se quedó sin palabras.
Si su tía supiera que ese "muchacho guapo" era el heredero de la familia más rica de Ciudad del Norte, seguro no andaría de tan buena porrista.
Mientras tanto, Alejandro estaba parado en la terraza del hospital, hablando por celular con Javier.
—¡No manches, Alejandro! Apenas terminaste de aplastar a los secuaces de tu tío y ya saliste corriendo para Ciudad del Río. ¿Tan desesperado estás por ver a Elena? Qué exagerado, ni que llevaran años sin verse, nomás pasaron dos semanas.
Durante esas dos semanas, el equipo de Alejandro se había encargado de desmantelar a los operadores de su tío y había metido en bancarrota a sus dos negocios más rentables. Estaba seguro de que su tío se quedaría quietecito por un buen rato.
Alejandro ignoró la burla y fue directo al grano:
—Mi madre armó un circo con la prensa. Pon a tu gente a bajar todas esas notas de internet.
—Ya estás, ni tenías que pedírmelo. Por cierto, qué bárbara tu mamá, de verdad que no la entiendo. ¡Qué mente tan retorcida la suya para creer que podía obligarte a casarte con Isidora a base de puros periodicazos y chismes de sociedad!
Alejandro vio de reojo que Elena iba saliendo de la habitación. No tenía ganas de seguir aguantando la charla de Javier, así que le cortó la llamada.
Caminó directo hacia ella.
Elena apretó los labios y se mantuvo callada durante el trayecto.
En ese momento, el celular de Alejandro empezó a sonar. Era su abuela.
—Mi niño, ¿ya estás de regreso en Ciudad del Río? Oye, pregúntale a Elena si no está muy ocupada. ¿Por qué no se vienen los dos a comer conmigo al mediodía?
Alejandro sonrió.
—Precisamente Elena viene conmigo en el coche. Te la llevo de inmediato.
Al colgar, Alejandro volteó a verla.
—Elena, mi abuela dice que vayamos a comer con ella.
A Elena le incomodó muchísimo cómo lo había planteado. Parecía como si fueran novios yendo a visitar a la abuela juntos.
—Espero que le dejes muy claro a tu abuela que no hay nada entre nosotros, Alejandro —le reclamó, visiblemente fastidiada.
Él tenía un compromiso muy dudoso con Isidora, y además, entre ellos no había ninguna relación formal. No estaba bien que la llevara a ver a la anciana Vargas en esas condiciones.
—¿A qué te refieres con "nada"? —Alejandro la miró de frente, con una sonrisa juguetona asomándosele en los ojos—. Elena, no me vengas con que todavía no te has dado cuenta de mis verdaderas intenciones contigo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....