Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 260

Elena salió de la casa y los observó con una mirada llena de sarcasmo.

Cuando Diego vio aquella expresión en su rostro, algo se le vino abajo por dentro.

Quería caminar hacia Elena, pero Adriana se desmayó de repente, cayendo entre sus brazos.

Sin poder pensar en nada más, se subió al coche y le dijo al chofer:

—Arranca, vamos al hospital.

Elena ya sabía perfectamente que Diego se iría detrás de Adriana.

Para él, Adriana y ese hijo siempre serían lo más importante.

Tal vez antes le habría dolido un poco, pero ahora, ya lo había superado por completo.

Cualquier decisión que Diego tomara ya no tenía nada que ver con ella.

***

Adriana fue ingresada a la sala de emergencias de inmediato.

Beatriz se le fue encima a Diego, recriminándole:

—¿Qué demonios te pasaba allá afuera? ¡Con Adriana en este estado y tú todavía pensando en esa cualquiera de Elena! ¡Si no fuera por ella, Adriana no se habría caído!

Pero Diego estaba con la mente en otra parte.

Al ver que no le respondía, Beatriz protestó irritada:

—¿Por qué no me contestas?

Diego reaccionó por fin y, con un dejo de molestia, le dijo:

—Mamá, ya deja de echarle la culpa de todo a Elena. Como ustedes no se soportan, ella se desquita conmigo. Si últimamente no hace más que pelear conmigo, te aseguro que es por la actitud que tomas con ella.

Beatriz lo miró con la boca abierta, incapaz de creer lo que escuchaba.

Su propio hijo la estaba culpando.

Lo fulminó con la mirada, presa de la rabia, y prefirió no decir nada más.

Diego se sentó en silencio en una de las sillas del pasillo y llamó a Elena por teléfono.

Pero ella no contestó.

Volvió a intentar, y siguió sin contestar.

Se pasó las manos por el cabello con desesperación.

Después de media hora de espera, por fin sacaron a Adriana de urgencias y la instalaron en una habitación.

Al ver el rostro pálido de Adriana, Diego sintió una punzada de lástima.

Con los ojos enrojecidos, Adriana lo miró fijamente.

—Diego, qué susto me di. Pensé que le había pasado algo al bebé.

Al final, no hubo vuelta de hoja. Adriana fue llevada de regreso a la casa de los Castillo.

Beatriz se subió al auto de Diego para regresar juntos a la mansión de los Romero.

Al notar que su hijo estaba actuando de manera extraña, no pudo aguantarse más y le dijo:

—Diego, la forma en que trataste a Adriana hoy le rompió el corazón. Te recuerdo que ella es la madre de tu hijo.

Diego se frotó la sien con desesperación.

—Mamá, estoy harto de estar en medio de las dos, es agotador. Así que, por favor, ya no me des más problemas.

Sentía los pensamientos completamente desordenados.

Pero, en ese momento, lo único que le importaba era recuperar a Elena, costara lo que costara.

En cuanto a Adriana, él ya la había convertido en su esposa legal y le había permitido tener un hijo suyo. Ya le había dado más que suficiente.

Si Adriana fuera un poco más madura, lo entendería sin convertirlo todo en un conflicto.

Al final, a Beatriz le pudo más el amor de madre y se quedó callada.

Pero, cada vez que recordaba la actitud tan altanera de Elena, la rabia le quemaba por dentro.

Solo por su hijo, decidió tragarse el coraje por el momento.

Pero sabía que la vida da muchas vueltas. Ya habría tiempo de sobra para poner a Elena en su lugar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico