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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 261

La señora Valverde regresó a Ciudad del Norte para visitar a Isidora.

Isidora se alegró al verla:

—Mamá, te dije que no era nada grave, ¿por qué te molestaste en venir?

La señora Valverde dejó la canasta de frutas que había traído y suspiró:

—¿Cómo pudiste ocultarme algo tan grave como recibir una puñalada por la madre de Alejandro? Si lo hubiera sabido antes, habría venido de inmediato a cuidarte.

Isidora bajó la mirada y respondió con dulzura:

—Has estado muy deprimida tratando de encontrar a mis hermanos menores. Tenía miedo de que te angustiaras por mí, de que tu salud no lo soportara, por eso le pedí a todos que no te avisaran.

—Isidora, siempre pensando en los demás —dijo la señora Valverde, sintiendo lástima por ella, y le acarició la mano—. ¿Todavía te duele la herida?

Isidora negó con la cabeza:

—Ya no.

La señora Valverde asintió y de pronto se acordó de Sebastián.

—No sé qué le pasa a Sebastián, le marco y le mando mensajes pero no contesta. Ni siquiera ha venido a verte ahora que estás lastimada.

La última vez que Sebastián acosó a Elena, lo terminaron metiendo a la cárcel.

Tanto el señor Valverde como Isidora sabían sobre este asunto, pero ninguno se lo había contado a la señora Valverde.

Por lo tanto, ella solo pensaba que Sebastián se había ido de viaje al extranjero y que andaba tan distraído divirtiéndose que se le había olvidado comunicarse con la familia.

Al fin y al cabo, era algo muy común en el pasado.

Para proteger la imagen de Sebastián, Isidora forzó una sonrisa y dijo:

—Seguro volvió a ilusionarse con alguien en el extranjero. Mamá, ya sabes cómo es Sebastián: cuando se interesa por alguien, se olvida de todo lo demás, y solo vuelve a acordarse de nosotros cuando las cosas salen mal. No te preocupes por su vida sentimental.

La señora Valverde asintió:

—Tienes razón, ya está grande, no es bueno controlarlo tanto. Por cierto, le pedí a la muchacha que te preparara un caldo de pescado, tómalo mientras aún está caliente.

Mientras Isidora tomaba el caldo que le había llevado, preguntó para tantear el terreno:

—Mamá, la señora Paloma quiere que Alejandro y yo estemos juntos, ¿crees que hacemos buena pareja?

A lo largo de los años, la señora Valverde había centrado toda su atención en los gemelos; aunque parecía preocuparse por los asuntos de Isidora y Sebastián, en realidad no les prestaba tanta atención.

En su momento, cuando Isidora se comprometió con Matías, la señora Valverde no estuvo ni a favor ni en contra.

Después del fallecimiento de Matías, la consoló con un par de palabras, pero tampoco hizo el intento de presentarle a otros prospectos.

Más adelante, Dante se le declaró y ella decidió quedarse con él.

Sorpresivamente, Hugo también se le declaró.

Sintió que se había sacado la lotería, así que cortó con Dante y aceptó a Hugo.

Se hicieron novios y se casaron; al principio todo era miel sobre hojuelas.

Sin embargo, Hugo era un hombre egocéntrico, jamás cedió ni un centímetro por ella.

Era como llevar unos zapatos hermosos pero que aprietan; sufría todos los días, pero le dolía la idea de dejarlo.

Hasta que Hugo se consiguió a otra mujer, y entonces ella lo dejó sin dudarlo.

Tras casarse con Dante, él la cuidó con cariño durante más de veinte años.

Él era su mayor apoyo emocional.

A menudo se arrepentía, pensando que habría sido mejor casarse con Dante desde el principio; ahora tendrían sus propios hijos y no habría pasado por tantas tragedias.

Al ver que la señora Valverde no la apoyaba, Isidora sintió un gran descontento.

La señora Valverde había elegido el amor en su momento, pero ahora le pedía a ella que renunciara al suyo; le parecía el colmo de la hipocresía.

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