Además, consideraba que Alejandro y Hugo eran muy diferentes.
Alejandro no era mujeriego, era un hombre responsable y de palabra.
Estaba segura de que si se casaban, ella y él seguramente terminarían enamorándose con el tiempo.
Al ver a Isidora de mal humor, como si sus palabras le hubieran entrado por un oído y salido por el otro, la señora Valverde decidió no decir nada más.
La señora Valverde se quedó en la habitación del hospital haciéndole compañía durante unas horas antes de irse.
Apenas se había ido, cuando llegó Hugo.
—Señor Valiente —saludó Isidora con amabilidad.
Hugo preguntó con preocupación:
—¿Cómo te sientes?
Isidora asintió:
—Ya estoy mucho mejor.
Hugo volvió a preguntar:
—¿Alejandro no ha venido a verte?
Había escuchado que ella salió lastimada por proteger a la madre de Alejandro; por simple lógica y decencia, Alejandro debería estar ahí cuidándola.
Isidora puso cara de ser fuerte y comprensiva:
—Alejandro vino un par de veces, pero últimamente ha estado muy ocupado con el trabajo en Ciudad del Río, por eso no ha podido venir. Yo lo entiendo perfectamente.
—¿Ocupado con el trabajo o entretenido con esa Elena? —replicó Hugo, molesto—. En cuanto vaya a Ciudad del Río, me encargaré de dejarle las cosas claras.
Isidora negó con la cabeza:
—Señor Valiente, por favor no haga eso. A fin de cuentas, Alejandro y yo todavía no somos nada formal, y si hace eso, solo conseguirá que me agarre más coraje.
Hugo respondió molesto:
—Tú preocupándote por él y él ni te pela. Está bien, dejaré a Alejandro en paz, pero a esa Elena no le haré la vida tan fácil. Sabe perfectamente que ustedes crecieron juntos y están a punto de comprometerse, y aun así se mete entre ustedes. ¡Es una sinvergüenza!
Al ver que Hugo estaba dispuesto a defenderla, Isidora se conmovió mucho.
Sintió que Hugo era mucho mejor que sus padres adoptivos.
Al menos, él buscaba la manera de cumplir todas sus peticiones y de ayudarle a conseguir lo que quería.
En cambio, sus padres adoptivos nunca harían algo así.
Ojalá ella fuera la hija biológica de Hugo.
Inhaló profundo para mantener la calma:
—Director Valiente, no sé qué chismes le habrán contado para que tenga esa idea equivocada sobre mí. Sin embargo, tampoco me gusta rogarle a nadie; le aseguro que no volveré a pisar el Grupo Valiente.
Las puertas del elevador se abrieron.
Elena entró con la frente en alto y la espalda recta.
Hugo se quedó mirando su espalda y, por un instante, sintió que estaba viendo a Bianca en su juventud.
Se quedó pasmado un segundo, pero reaccionó rápidamente.
Era imposible. ¿Cómo iba una mujer como Elena a parecerse a Bianca?
Cuando los investigadores del Grupo Valiente buscaron a Elena para coordinarse, ella los rechazó y les dijo que se arreglaran directamente con los encargados del Grupo Romero.
Lucía se enteró de la situación y llamó a Elena, hablándole de muy mala gana.
—Elena, yo te pagué para que te encargaras de coordinar el proyecto del Grupo Romero con el Grupo Valiente.
Elena le respondió con frialdad:
—No es que yo quiera dejar el trabajo botado, es que el director Valiente me prohibió participar en el proyecto. Si no me crees, márcale tú misma para confirmar. Además, el director Valiente me humilló en público; no pienso volver al Grupo Valiente a menos que me pida una disculpa, fin de la discusión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....