Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 356

Ella sentía que sabía amarlo mucho mejor que Elena. Por eso, era ella quien debía quedarse al lado de Diego.

Acomodaron a Diego en la cama. A pesar del avanzado embarazo, Adriana insistió en ponerle la pijama ella misma y en limpiarle la cara con una toalla.

Al mirarlo de cerca, tan atractivo incluso en ese estado, Adriana sintió que volvía a rendirse por completo ante él.

Ese era su hombre, el padre de su hijo; de ninguna manera se lo iba a dejar en bandeja de plata a Elena.

De pronto, el hombre murmuró entre sueños:

—Elena, ya no hagas berrinche.

Adriana oyó con claridad el nombre que había dicho y se quedó helada.

Ella lo amaba con locura, ¿por qué él llamaba a otra mujer?

***

Al día siguiente, Diego despertó y notó que no tenía esa típica y horrible resaca, además de que le habían cambiado la ropa.

Pensó que Elena lo había cuidado la noche anterior, y justo cuando iba a llamarla, se dio cuenta de que la distribución del cuarto era distinta.

A Diego se le vino encima una sensación amarga, como si algo le faltara de golpe.

Adriana entró a la habitación sosteniéndose el vientre y le dijo con dulzura:

—Diego, ven a desayunar.

Al darse cuenta de la decepción de Diego, apretó los puños con fuerza.

Diego reaccionó y asintió.

—Está bien, primero me voy a dar un baño.

Se levantó y entró al baño.

Mientras desayunaban, Adriana le preguntó:

—Hice cita en dos clínicas privadas de recuperación posparto y pensaba ir a checarlas hoy. Si tienes tiempo, ¿me acompañas?

Diego frunció el ceño.

—¿No contratamos ya a cuatro niñeras para la casa? Puedes hacer tu recuperación aquí, los servicios de esas clínicas a lo mejor ni son tan buenos como estar en casa.

Adriana para nada quería pasar la cuarentena en la residencia Romero; tener que aguantarle las malas caras a Beatriz todos los días seguro le daría depresión posparto.

Por eso, insistió:

—Esas clínicas no solo cuidan al bebé y a la mamá, también tienen un equipo médico profesional. Si el bebé llega a sentirse mal, lo pueden atender de inmediato.

Diego acababa de terminar una junta en línea. Al verla entrar, preguntó:

—¿Qué pasó, Lucía?

Lucía dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Checa esta propuesta.

Diego la abrió y le dio una leída. Al terminar, no pudo evitar sorprenderse:

—¿Quién armó esto? Resuelve a la perfección los problemas técnicos con los que el departamento de investigación estaba atorado.

Lucía, con una expresión difícil de descifrar, respondió:

—Fue Elena.

Diego se quedó pasmado unos segundos antes de decir:

—¿Seguro le pidió ayuda al profesor Álvarez, no?

Nunca imaginó que Elena estuviera dispuesta a llegar tan lejos por el Grupo Romero.

En el fondo, sabía que ella seguía sintiendo algo por él.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico