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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 355

—¿Qué condición?

Elena respondió:

—Yo solo entrego el plan, no le daré seguimiento al proyecto. Más adelante, si surge algún problema, no ayudaré a resolverlo. Además, si el proyecto fracasa, me deslindo de toda responsabilidad; pero si tiene éxito, quiero un porcentaje de las ganancias.

A Lucía le pareció que las exigencias eran sumamente abusivas.

Sin embargo, desde que Elena había dejado el Grupo Romero, la empresa llevaba muchísimo tiempo sin lanzar ningún avance de investigación relevante.

Si las cosas seguían así, el Grupo Romero no solo perdería su nivel de competitividad, sino que también ahuyentaría a sus clientes y socios.

Al final, no le quedó otra opción más que ceder:

—De acuerdo, acepto tus términos. ¿Para cuándo me tienes el plan?

—La próxima semana —concluyó Elena.

Al terminar la cena, Elena regresó a su casa.

Isabel no tuvo que trabajar hasta tarde esa noche, así que fue a visitarla y le llevó un frasco de encurtido picante que ella misma había preparado.

Elena preparó unos fideos con carne de res y el encurtido, y le sirvió un plato a su amiga.

Como casi no había probado bocado en la cena de negocios, aquel plato de fideos calientes, con ese toque ácido y picosito, la reconfortó al instante.

Las dos platicaban mientras cenaban.

Isabel le preguntó:

—¿Por qué aceptaste volver a hacerle un plan de desarrollo a la familia Romero?

Elena respondió con calma:

—No lo hago para ayudarlos, tengo mis propios planes.

Isabel se enderezó de golpe, emocionada:

—¿Qué vas a hacer?

—Lucía no lo sabe, pero aunque la inversión inicial para este proyecto no es tanta, los fondos que va a requerir la investigación más adelante son bestiales. Conociendo a Lucía y a Diego, sé que no van a cancelar el proyecto tan fácilmente, y tampoco van a querer compartir con nadie más los resultados que estén a punto de lograr. Así que se van a empeñar en financiarlo ellos solos y, cuando quieran reaccionar, el Grupo Romero ya va a estar ahogado en problemas de liquidez.

Isabel soltó una exclamación de asombro:

—¡Elena, ya aprendiste a regresárselas a la familia Romero!

Elena pensó en cómo antes vivía encerrada en su casa, ignorando todo lo que pasaba a su alrededor.

Adriana frunció el ceño:

—Pues apúrate. Hace poco Diego terminó en el hospital por culpa del alcohol, tiene que llegar rápido para prepararle algo para la cruda.

—Entendido.

El chofer ya no tuvo que seguir dudando y condujo directamente a la casa donde Diego se estaba quedando con Adriana.

Como Beatriz se había ido de viaje en esos días, Adriana había aprovechado para mudarse temporalmente fuera de la casa de los Romero.

Ya estaba harta de vivir vigilada día y noche por su suegra.

No entendía de dónde sacaba tanto tiempo libre Beatriz para estarle buscando pleito a cada rato; le fastidiaba muchísimo, pero no le quedaba más remedio que aguantarse.

El coche entró a la propiedad, el chofer se estacionó y ayudó a Diego a caminar hasta el interior de la casa.

Adriana le había pedido a la señora de la limpieza que preparara un caldo bien picoso para la cruda. Cuando vio entrar a Diego, tambaleándose y completamente agotado, sintió que algo se le apretaba por dentro.

Desde su punto de vista, nadie valoraba lo duro que trabajaba Diego, solo ella lo comprendía.

Durante los años que fue su secretaria, cada vez que lo veía exhausto después de quedarse horas extras o de asistir a eventos sociales, lo único que deseaba era quedarse a su lado para hacerle compañía y cuidar de él.

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