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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 383

«Una empresa tan grande como el Grupo Vargas, ¿y su sucursal le roba las ideas al Grupo Romero, que es de aquí de Ciudad del Río? Se fusilaron el concurso, los proyectos y hasta las respuestas de los chavos. ¡Qué poca madre!».

«El Grupo Romero siempre se ha partido el lomo con sus investigaciones y nunca han andado con tranzas, son una empresa que nos da confianza a los de aquí. El Grupo Vargas ni siquiera empezó haciendo medicinas, nada más se quieren meter al negocio para exprimir dinero, sin una gota de ética. Se roban todo. Pinches capitalistas muertos de hambre, dan asco».

Al leer todo eso en el chat, al director Herrera hasta le dio risa de la pura rabia.

¿En serio el Grupo Romero creía que comprando bots para armar un escándalo los iban a pisotear, como si en el Grupo Vargas no tuvieran con qué defenderse?

Cruzó una mirada con el director Olmedo.

El director Olmedo asintió con la cabeza.

De inmediato, se comunicó con su gente de relaciones públicas para soltar a su propia caballería digital en ambas transmisiones.

Lucía estaba fuera de la ciudad por un viaje de negocios. Después de una jornada pesadísima, por fin tuvo tiempo de revisar los mensajes del trabajo.

Se quedó muy sacada de onda al ver que en el chat hablaban de un concurso en vivo.

¿Desde cuándo el Grupo Romero andaba haciendo transmisiones de ese tipo?

Al picarle al enlace, la sangre le hirvió.

¡Adriana era una imbécil! Otra vez le estaba yendo a picar la cresta al Grupo Vargas.

¡Si ella no tenía dignidad, a Lucía sí le importaba el prestigio de la empresa!

Marcó de inmediato al director de marketing y le exigió a gritos que tumbaran la transmisión y cancelaran a los bots.

El director de marketing le contestó mortificado:

—Subdirectora, en esto no tiene nada que ver mi departamento. La directora Castillo contrató a una agencia externa para hacer el en vivo, y ella de su bolsa pagó todo el tráfico falso de internet.

Lucía se puso pálida del coraje.

Trató de marcarle a Adriana, pero la mujer no le contestó.

Sin más opciones, le llamó a Diego.

Diego acababa de salir de una junta de dos horas.

Como se les había armado un problema con un proyecto en Ciudad del Norte, tenía que volar allá para hablar en persona con el jefe de la otra empresa.

Contestó el teléfono con fastidio.

—Cómprame boletos. Nos vamos a Ciudad Marazul ahorita mismo.

***

Para entonces, las cuentas falsas del Grupo Vargas ya estaban en pleno combate campal contra los bots del Grupo Romero en los comentarios.

Al quedar comprobado que el Grupo Vargas había sacado su convocatoria mucho antes, la acusación de haberse robado el formato se cayó a pedazos.

Pero los del Grupo Romero cambiaron de estrategia para lavarse las manos: «Ese tipo de concursos son todos iguales, el Grupo Romero nunca robaría una idea. Lo que sí es un hecho es que ese tal Lorenzo del Grupo Vargas le copió todo a Ignacio, nuestro participante. ¿Cómo es posible que el Grupo Vargas deje que ese ratero participe? ¿No piensan dar la cara?».

«Lorenzo es un mocoso de licenciatura sin nada de experiencia. Ignacio ya está haciendo el doctorado, ha estado en tres proyectos nacionales de peso y un par de investigaciones internacionales, ¡él es el que resuelve los problemas grandes! Un escuincle como Lorenzo en la vida podría hacer algo tan profesional. Está clarísimo quién le robó a quién».

Al director Herrera se le notaba la indignación en la cara.

—Yo revisé el currículum de Lorenzo. Siempre tuvo el mejor promedio en su carrera, pero como quería hacer la maestría, nunca se metió a concursos ni hizo prácticas laborales. Además, hablé con su tutor y me aseguró que es un muchacho intachable. Es imposible que se haya pirateado el proyecto.

Elena sonrió con sarcasmo.

—Creer que un título y un currículum son prueba suficiente de honestidad demuestra lo superficial que es Adriana.

Lorenzo y sus compañeros estaban ajenos al desastre mediático que se estaba desarrollando en los comentarios.

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