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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 384

Al ver que los jueces guardaban un silencio extraño, los muchachos empezaron a ponerse nerviosos.

De pronto, Elena se dirigió directamente al líder:

—Lorenzo, en el chat en vivo hay gente acusándolos de plagio. Sin embargo, yo revisé todo su anteproyecto desde la etapa eliminatoria, y tengo plena confianza en que ustedes no se copiaron de nadie.

A diferencia de sus compañeros que empezaron a entrar en pánico, Lorenzo mantuvo la calma.

—Nosotros jamás nos rebajaríamos a hacer algo así —aseguró—. Por favor, ayúdennos a aclarar este malentendido.

Aún ni siquiera terminaban sus estudios; si les colgaban la etiqueta de plagiadores, sus carreras se irían al caño antes de empezar.

Elena sonrió tranquilizadora, sacó con total compostura la documentación del proyecto de Lorenzo y se preparó.

—¿Entonces el Grupo Romero afirma que el equipo de Lorenzo se pirateó palabra por palabra el trabajo del equipo de Ignacio? —preguntó dirigiéndose a los espectadores.

Los trolls de internet no entendieron por dónde iba, pero siguieron haciendo montón: «¡Claro que sí! Esos morros de Lorenzo no tienen experiencia en nada, ¿de dónde iban a sacar un trabajo de ese nivel?».

Elena prosiguió:

—Las palabras se las lleva el viento. Ya que por confidencialidad no podemos mostrar el contenido completo de los proyectos aquí en vivo, supongo que no habrá problema si compartimos un pequeño resumen de la estructura, ¿cierto?

Adriana, que estaba pegada a la pantalla viendo todo, soltó una carcajada burlona al escucharla.

Ella ya le había soltado billete a uno de los chavos del equipo de Lorenzo; mucho antes de que entregaran su trabajo al Grupo Vargas, Adriana ya tenía una copia íntegra en sus manos.

Le hizo una seña a su asistente.

El asistente proyectó de inmediato el índice del trabajo de Ignacio en la pantalla compartida.

Elena hizo lo mismo con el documento de Lorenzo.

Aunque para la mayoría de la gente en internet aquello sonara demasiado técnico, era evidente que ambos textos decían prácticamente lo mismo.

Además, la marca de agua del sistema mostraba que el equipo de Ignacio había registrado su proyecto el día diez del mes pasado, cinco días antes que el equipo de Lorenzo. Era más que evidente quién había copiado a quién.

Al ver cómo los comentarios despedazaban a Elena, a Lorenzo y al Grupo Vargas, Adriana sonrió, sintiéndose victoriosa.

Alejandro acababa de salir de su reunión cuando vio el enlace que le había mandado su secretaria, Nerea.

—¿Necesita que contratemos a una agencia de crisis para manejar esto? —preguntó Nerea.

Mientras los comentarios explotaban de insultos contra ellos, Elena pidió que conectaran su transmisión con la del Grupo Romero y lanzó una pregunta con frialdad:

—Me gustaría saber, directora Castillo: ¿qué nivel de calidad le pondría usted al proyecto de Ignacio?

Adriana respondió rebosante de soberbia.

—El trabajo de Ignacio me parece simplemente perfecto. Tiene nivel de sobra para llevarse el primer lugar en este certamen; de hecho, me encantaría ofrecerle un puesto en el Grupo Romero en cuanto termine el concurso. Es por eso que, ante este descarado robo, exijo que el Grupo Vargas asuma su responsabilidad y nos dé la cara.

Elena soltó una carcajada seca.

—Canta victoria muy pronto, directora. Les pido a todos que se fijen en el segundo párrafo de ambos textos. Hay un detallito mínimo en las cifras.

Adriana no entendió de inmediato a qué se refería.

Ignacio, en cambio, que sí sabía de lo que estaba hablando, se puso blanco como el papel al revisar la pantalla.

Los trolls de internet reventaron el chat de inmediato: «¡Güey, nomás cambió dos numeritos después del punto! ¡Seguro el estúpido de Lorenzo hasta para copiar es pendejo! Jajaja, ni robar sabe».

Elena sacó su celular, buscó rápidamente un artículo en la revista OPR y se lo mostró a las cámaras.

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