—Lorenzo es un estudiante sumamente dedicado y siempre está al día con las publicaciones científicas. Esa cifra salió precisamente de la última edición de la revista OPR, que casualmente se publicó el día diez del mes pasado. En otras palabras, la versión de Ignacio está usando la métrica vieja, mientras que la de Lorenzo tiene la información actualizada. Yo les pregunto: alguien capaz de redactar un proyecto tan avanzado debería ser igual de meticuloso con sus datos. ¿Cómo es posible que no haya revisado sus referencias bibliográficas? ¿Cómo se le pasó un error tan básico? ¿Fue simple descuido, o es que este trabajo nunca fue suyo para empezar? El Grupo Romero es de las farmacéuticas más pesadas en Ciudad del Río, y resulta que a todo su equipo de investigadores se les fue ese detalle, y para colmo la directora Castillo asegura que el trabajo es perfecto. Con todo respeto, la competencia profesional de la señora deja mucho que desear.
A Adriana se le vino el mundo encima de la vergüenza.
En la investigación farmacéutica, un error en los decimales podía desencadenar consecuencias de salud gravísimas.
Cualquier falla en los números de un resultado publicado arruinaba la carrera frente a toda la comunidad.
A los verdaderos científicos no se les escapaban esas cosas.
La humillación le subió de golpe al rostro a Adriana.
Ignacio apretó los puños, frustrado.
Su novia se había endeudado hasta el cuello en las plataformas de crédito y debía millones; para evitar que los prestamistas la desaparecieran, él había aceptado el soborno de Adriana y se había prestado para el circo.
Pensó que sería dinero fácil y ni se había molestado en leer bien el maldito proyecto.
Además, con su historial académico y su título de peso, creyó que todo el mundo le daría la razón ciegamente.
Nunca imaginó que terminaría chocando de frente con una mujer tan astuta como Elena.
Bueno, al menos su idea era irse a trabajar fuera; quemarse aquí le afectaría poco.
En los comentarios, la marea empezó a cambiar:
«No entendí ni madres de los numeritos, pero se nota que los del Grupo Vargas traen con qué defenderse».
«Lorenzo es el nerd de mi salón, todos los profes lo aman, ese güey es una pistola».
La verdad sobre quién había pirateado a quién saltó a la vista.
El director Herrera cortó la transmisión con el Grupo Romero y tomó el micrófono:
—En cuanto al evidente robo del trabajo de Lorenzo por parte del equipo de Ignacio, el Grupo Vargas procederá de manera legal. Asimismo, llegaremos al fondo de este asunto para comprobar si el Grupo Romero encubrió intencionalmente este delito. Pero bueno, enfoquémonos en lo importante y retomemos la etapa final del concurso.
Las defensas continuaron.
Elena no se dejó alterar en lo absoluto y siguió evaluando con la misma serenidad.
Su tono sereno, su elegancia y la seguridad con la que hablaba terminaron por ganarse por completo a la gente del chat.
Las mentadas de madre se esfumaron, reemplazadas por puros halagos.


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