Al decir esto, hizo el amago de irse.
Adriana lo llamó apresuradamente:
—Diego, ¿no te vas a quedar a acompañarme?
Diego soltó el aire, claramente impaciente.
—Ofendiste al Grupo Vargas. Tengo que ir a hablar con ellos sobre la compensación. De lo contrario, si te demandan por plagio, ¿crees que podrías estar aquí acostada tan tranquila? Además, de ahora en adelante, los problemas para el Grupo Romero en el mundo de los negocios solo van a aumentar. Mejor descansa.
Cuando comprobó que de verdad se había ido, Adriana descargó su rabia contra la almohada.
***
Por la noche, el director Olmedo invitó a Elena y a los demás a una cena de celebración.
También invitó a Fernando y al director Medina del instituto de investigación.
Elena quería ayudar al profesor Álvarez a reclutar a Lorenzo, así que también lo invitó a la cena.
Lorenzo aceptó ir, no solo porque Elena lo había ayudado a demostrar su inocencia, sino porque realmente admiraba su talento.
Durante la cena, Fernando se mostró muy interesado en Lorenzo.
Al escuchar que el joven quería hacer una maestría, le dijo con una gran sonrisa:
—¿Y con quién te gustaría hacerla? Yo puedo recomendarte un buen asesor, pero con una condición: cuando te gradúes, debes darle prioridad a mi laboratorio para trabajar.
Lorenzo no esperaba que el profesor Álvarez, a quien siempre había idolatrado, le estuviera ofreciendo una oportunidad de oro así de la nada. Por un momento, se emocionó tanto que no supo ni qué decir.
—Gracias por su confianza, profesor Álvarez. Brindo por usted —dijo, alzando su vaso para brindar.
Del otro lado de la mesa, el director Medina sentía un poco de envidia.
Él también había visto la transmisión en vivo y apreciaba mucho la destreza de ese muchacho, pero lamentablemente Fernando se le había adelantado.
Cuando Lorenzo se enteró de que Elena trabajaba en el laboratorio de Fernando, se interesó todavía más en continuar sus estudios de posgrado en la Universidad Río, para poder hacer prácticas en el laboratorio del profesor Álvarez en su tiempo libre.
Fernando, por supuesto, aceptó encantado:
—No te preocupes, conozco bien a los asesores de maestría de la Universidad Río. Además colaboramos con ellos, así que a partir de ahora, estás en confianza.
Enzo, al notar que Lorenzo no dejaba de mirar a Elena de reojo, sintió que algo se le revolvía por dentro.
«Maldición, si este tipo empieza a pasar tanto tiempo en el laboratorio, ¿no intentará bajarme a Elena?».
Después de cenar, Enzo se ofreció a llevar a Elena a su casa.
Ella lo rechazó amablemente con una sonrisa:
—No es necesario, una amiga pasará por mí.
Enzo se sintió un poco decepcionado, pero no quiso insistir.
Sentía un profundo respeto y cariño por Elena, así que no quería que sus sentimientos se convirtieran en una molestia para ella.
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