Isabel, al ver aparecer a Alejandro, se tranquilizó por completo y volvió a meter la pierna que ya había sacado para bajarse del coche.
Sabiendo que no tenía cómo defenderse, Diego se dirigió a Alejandro:
—Yo no sabía nada sobre la transmisión en vivo. Sin embargo, como Adriana es empleada del Grupo Romero, le ofrezco una disculpa, director Vargas. Espero que no le dé más vueltas al asunto; estamos dispuestos a ofrecer una compensación.
Alejandro soltó una risa seca.
—Si no fuera porque la señorita Navarro nos ayudó a demostrar nuestra inocencia, el Grupo Vargas habría perdido mucho más que solo reputación. ¿De verdad cree, director Romero, que con unas cuantas palabras va a arreglar esto? La vez pasada decidimos dejar pasar lo del Grupo Romero, pero eso no significa que ahora vayamos a hacer lo mismo.
Diego frunció el ceño:
—Adriana está embarazada. Las hormonas le están afectando y por eso cometió un error. ¿Acaso el director Vargas no puede tener un poco de empatía con una mujer embarazada?
Alejandro le respondió con sarcasmo:
—Vaya, el director Romero resultó ser un santo. Deja que Adriana haga puras estupideces en su empresa y se lo perdona todo solo porque está esperando un hijo. Además, no insulte a las mujeres embarazadas de esa forma. En mi empresa hay muchas empleadas que mantienen un nivel de eficiencia altísimo durante su embarazo. Solo están esperando un bebé, no se quedaron sin cerebro.
Diego se quedó mudo ante tal comentario.
Pero, al final del día, le tenía respeto a la influencia del Grupo Vargas, así que no le quedó de otra más que agachar la cabeza de nuevo:
—¿Entonces qué quiere que haga, director Vargas, para que dejemos este asunto en paz?
—Es muy sencillo —respondió Alejandro—. El Grupo Romero nos pagará por todos los daños a nuestra reputación y los gastos de relaciones públicas. Además, Adriana tendrá que hacer una transmisión en vivo para pedir disculpas públicamente y admitir que difamaron al Grupo Vargas.
—Director Vargas, ¿no cree que le está exigiendo demasiado a Adriana? Le faltan menos de dos meses para dar a luz. Si le pasa algo del estrés, sería terrible.
Obviamente, él quería calmar la furia de Alejandro, pero el bebé que esperaba Adriana también era sumamente importante para la familia.
—Tampoco soy un monstruo sin corazón —añadió Alejandro—. Ya que está a punto de dar a luz, podemos esperar a que nazca el bebé para que haga la disculpa en vivo. ¿Eso le parece bien?
Diego seguía bastante molesto por dentro, pero no tuvo más opción que ceder:
—De acuerdo.
Volteó a ver a Elena de nuevo, pero ella ni siquiera le dio la oportunidad de hablar.
Se acercó al coche y ayudó a Isabel a bajarse.
Al ver que Elena estaba acompañada por Isabel, Diego se sintió mucho más aliviado.
Mientras no se fuera sola con otro hombre, todo estaba bien.
Una vez en el departamento, Isabel intentó despabilarse y dijo:
—Yo me voy a dormir al cuarto de visitas, tú ve a platicar con Alejandro.
Elena negó con la cabeza:
—Mejor me quedo a cuidarte. Vente a dormir conmigo a la recámara principal.
Adriana pensó que la llamaba para ver cómo estaba, ¡pero en lugar de eso le ordenó que, en cuanto naciera el bebé, hiciera una transmisión en vivo para disculparse con el Grupo Vargas!
¿Qué diferencia había entre eso y darle una bofetada pública para humillarla?
¡Además, Elena seguramente se iba a burlar de ella a carcajadas!
Se quejó, haciéndose la víctima:
—Diego, lo que están pidiendo es una exageración. No quiero hacerlo, ¿de verdad no hay otra opción?
Solo de pensar en que tendría que disculparse frente a tanta gente en vivo, sentía que le iba a dar un infarto.
—Esta es la forma más fácil de compensarlos —le respondió Diego con voz gélida—. Si no quieres hacerlo, entonces no hay nada que yo pueda hacer. Sin embargo, ya no podrás trabajar en el Grupo Romero ni hacer público que eres mi esposa, porque no pienso permitir que el Grupo Vargas me haga la vida de cuadritos por culpa de nuestra relación.
Esas palabras dejaron a Adriana helada.
Al final, no le quedó más remedio que tragar saliva y acceder:
—Está bien, lo entiendo.
Al llegar a la casa de la familia Romero, Diego vio a Lucía sentada en la sala y le preguntó:
—Lucía, ¿qué pasó? ¿Por qué la urgencia de que viniera?
Lucía se había desmayado del coraje por culpa de los problemas de Adriana y había terminado en el hospital conectada a un suero, pero ya se había recuperado un poco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....