Ella miró a Diego y le dijo:
—Tengo que darte dos noticias.
—¿Qué noticias? —preguntó Diego.
—La primera —comenzó Lucía— es que ya programé mi cirugía para la próxima semana. Me van a extirpar el tumor en el pecho. El doctor dijo que la recuperación tardará mínimo tres meses. Durante ese tiempo, tendrás que hacerte cargo de todo mi trabajo.
—¿Qué? —La noticia tomó a Diego completamente por sorpresa.
Gracias a que Lucía siempre le ayudaba a gestionar la empresa, él podía llevar las cosas con más calma. Ahora que ella iba a operarse, se sintió un poco desubicado.
Sin embargo, recuperó la compostura rápidamente.
Había logrado concretar varios proyectos en Ciudad del Norte últimamente, y el Grupo Romero estaba prosperando bajo su mando. Sabía que podía sacar adelante la empresa por su cuenta; en eso confiaba plenamente en sí mismo.
—La segunda noticia —continuó Lucía— es que acabo de hablar con Hugo por teléfono. Necesitamos hacer unos ajustes en el proyecto que tenemos con el Grupo Valiente. El Grupo Romero cederá el cincuenta por ciento de las ganancias y reduciremos el precio del producto a la mitad de lo acordado originalmente. De esta forma, también nos ahorraremos los gastos de marketing para introducir el nuevo medicamento al mercado...
Diego se quedó pasmado al escuchar eso:
—Lucía, si le bajamos tanto al precio del producto, ¿no nos vamos a quedar sin un solo peso de ganancia?
Lucía le respondió con fastidio:
—Después del escándalo tan grande en el que se metió el Grupo Romero, si no tomamos esta medida para ganarnos a la gente, ¿quién va a volver a confiar en nuestra marca? Además, al ceder ganancias y ahorrarnos los gastos de publicidad, es la única forma de garantizar que el director Valiente siga trabajando con nosotros. Si no lo hacemos, con lo manchada que quedó nuestra imagen, nos puede cancelar el contrato en cualquier momento.
—Ceder el cincuenta por ciento es demasiado —argumentó Diego—. El director Valiente y nosotros tenemos una muy buena relación; no nos cancelaría tan fácilmente. Yo digo que con un treinta por ciento es más que suficiente.
Lucía soltó una carcajada irónica.
—Negocios son negocios. Si el Grupo Romero solo es un lastre para los demás, ¿de qué sirve que te lleves tan bien con el director Valiente?
Diego no tuvo cómo debatirle, así que se quedó callado a un lado.
Después de hablar tanto, Lucía se sentía agotada.
—En resumen, en este asunto me haces caso y punto. Todo esto es por culpa de la metida de pata de Adriana. Mientras yo no esté, deja de consentirla tanto. ¡Si vuelve a salir con otra de sus babosadas, nadie va a poder arreglar su desastre!
Además, lo que tengo en el pecho estaba bajo control desde hace tiempo; ni siquiera había necesidad de operarme. Pero en estos últimos seis meses he hecho tantos corajes por su culpa que la cosa empeoró. ¡Me arrepiento de no haberte insistido en que te alejaras de esa mujer desde el principio! Al menos Elena sabía comportarse y no andar dando problemas, en eso Adriana jamás le llegará a los talones.
A Diego le pareció que Lucía estaba siendo demasiado dura. Adriana también tenía muchas virtudes.

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