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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 389

Las hermanas habían escuchado tantas pestes sobre ella de boca de Adriana que le tenían un profundo desprecio.

Según su prima, esta tal Elena decía a los cuatro vientos que iba a dejar a Diego y a ganar su propio dinero.

Pero la muy descarada seguro andaba usando el dinero de él para darse esos lujos.

Qué mujer tan hipócrita, pensaban con desprecio.

Al escuchar que la llamaban «robamaridos», Elena supuso de inmediato que seguramente eran amigas o familiares de Adriana.

—¿Robamaridos yo? —respondió con una sonrisa sarcástica—. ¿Eso les dijo Adriana? Hay que tener la cara muy dura para atreverse a decir eso.

Como Mina y Verónica se beneficiaban constantemente de Adriana, era obvio que iban a estar de su lado.

Al ver que Elena no agachaba la cabeza, empezaron a insultarla todavía peor.

Un empleado escuchó el escándalo y se acercó.

Como Elena había entrado acompañada por Alejandro, el muchacho se dirigió a ella y a Ariadna con mucho respeto.

Mina y Verónica, al notar el trato preferencial del empleado, se indignaron de inmediato.

Seguro Elena solo podía entrar a un lugar así porque seguía colgándose de Diego.

Ellas eran las parientes directas de la legítima señora Romero y las estaban ignorando.

Justo cuando iban a hacerle un reclamo al empleado, este las interrumpió de golpe:

—Disculpen, ¿podrían mostrarme su tarjeta de membresía o darme su número de socio, por favor?

Mina apretó los dientes, pero no le quedó de otra más que dictar el número.

El empleado sacó un dispositivo, ingresó al sistema y, tras revisar la información, les advirtió:

—Tienen una membresía estándar. El acceso está limitado a la pista de hielo del segundo piso. Si desean ingresar al tercer piso, necesitan hacer un ascenso de categoría en su membresía.

Hacer el ascenso de categoría costaba otros cien mil pesos de cuota.

Como Mina y Verónica solo venían de arrimadas con la tarjeta prestada, ni locas iban a gastar ese dineral.

Así que no les quedó más remedio que tragarse el coraje y bajar al segundo piso.

Luego, el empleado se dirigió a Elena con amabilidad:

—Señorita Navarro, ¿usted y su prima no se lastimaron?

Elena negó con la cabeza:

—Para nada, muchas gracias por ayudarnos hace un momento.

—Es mi trabajo —respondió el chico con una sonrisa—. Si no necesitan nada más, me retiro al módulo de atención. Que sigan disfrutando su día.

Elena y Ariadna siguieron patinando un rato más.

Alejandro regresó con jugos y agua embotellada.

Al ver que Ariadna estaba un poco decaída, le preguntó a Elena:

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