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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 392

Si Elena estuviera a su lado, pensó Diego, seguro comprendería lo exhausto que estaba y jamás lo molestaría en horario laboral.

Por mucho que Adriana estuviera esperando un hijo suyo, le parecía que cada día se volvía más inmadura y berrinchuda.

***

En Ciudad del Río no había parado de llover.

En dos ocasiones, Elena regresó tarde del trabajo y se empapó, lo que le provocó fiebre.

Al llegar a su departamento, se tomó unas pastillas y se dejó caer en la cama con la esperanza de que el descanso la recompusiera.

Alejandro había regresado un par de días antes a Ciudad del Norte para atender asuntos corporativos.

Cuando él intentó hacerle una videollamada, Elena la rechazó para no preocuparlo y le mandó un mensaje: [Ahorita ando súper ocupada, te marco mañana.]

Como Alejandro sabía que a ella no le gustaba que la interrumpieran cuando trabajaba, solo respondió: [Está bien.]

A la mañana siguiente, Elena intentó levantarse para ir a la oficina, pero sentía el cuerpo pesado, como si fuera de plomo.

El cuerpo apenas le respondía. Tras checar su temperatura con el termómetro, decidió ir de inmediato a que le pusieran una inyección para bajar la fiebre.

Sin embargo, apenas salió del edificio para pedir un taxi, todo le dio vueltas y se desplomó antes de poder reaccionar.

Al abrir los ojos, ya estaba en el hospital. A su lado estaba Isabel, visiblemente alterada por el susto.

—¡Híjole, Elena! ¡Me sacaste un susto de muerte! —exclamó al verla despertar—. Te desmayaste y el dueño del puesto de desayunos de la esquina te trajo para acá. Menos mal que se le ocurrió revisar tu celular para buscar tu contacto de emergencia y me marcó... Traes una fiebre altísima. ¿Por qué no me dijiste nada para venir por ti? ¿Y Alejandro? Viven puerta con puerta, pudo haberte traído.

—Está de viaje de negocios —explicó Elena con voz débil—. Además, hoy tenías mucha chamba. Pensé que era una simple calentura, nada grave, así que preferí venir sola...

—¿Cómo que nada grave? —la interrumpió Isabel—. ¡Casi llegas a los cuarenta grados! Y el doctor dice que traes algo de desnutrición. Dime la verdad, ¿has estado malpasándote por andar metida en el trabajo?

Elena suspiró, algo resignada ante el regaño.

—Te juro que estoy bien, no es para tanto. No le digas a Alejandro. Con dormir un rato se me pasa.

Desde que había perdido a su bebé, sus defensas estaban por los suelos.

Eso, sumado a la carga laboral y al poco cuidado que se había dado a sí misma, provocó que el primer virus que se cruzó en su camino la tumbara por completo.

Tras comer la sopa que Isabel le compró y tomarse sus medicamentos, Elena volvió a quedarse profundamente dormida.

Despertó ya entrada la tarde y se topó con Alejandro, quien evidentemente había viajado a toda prisa para estar ahí.

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Capítulo 392 2

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