Lo miró con suma desconfianza y le advirtió:
—Ignacio, tú y yo ya saldamos cuentas. ¿A qué vienes? No creas que te voy a soltar más dinero nada más porque vienes de arrastrado. ¡No me voy a dejar chantajear por un perdedor como tú!
De no haber estado embarazada, Ignacio ya habría perdido por completo el control.
Lleno de coraje, le reclamó:
—¡Habíamos quedado en que solo íbamos a fingir y que esto no me iba a manchar la carrera! ¿Y qué pasó? ¡Por tu jueguito me quedé sin trabajo y sin novia! ¿De verdad crees que con unos miserables millones de pesos vas a compensar que me hayas arruinado la vida?
Adriana frunció el ceño.
—¡Yo qué iba a saber que la cosa se saldría de control! Además, fueron esos ridículos en internet los que te hicieron perder tu trabajo, ve a reclamarles a ellos. Y si tu novia te dejó por inútil, ¿qué culpa tengo yo?
Al verla desentenderse así, a Ignacio se le desencajó la cara de rabia.
Apretando los dientes, la amenazó:
—Ah, ¿conque no quieres responder? ¡Pues cuídate la espalda! Ya no tengo nada que perder. ¡Si me da la gana de hacer una locura y terminar en la cárcel, me tiene sin cuidado!
Al ver que el tipo estaba a punto de perder la cabeza, Adriana sintió miedo.
El bebé que llevaba dentro era lo único que sentía capaz de asegurarle su lugar como señora Romero.
Si no lograba calmar a ese loco, quién sabe qué atrocidad podría hacerle.
Rápidamente pensó en algo y le dijo:
—¡Cálmate! No es para tanto. Es solo un empleo, te puedo conseguir otro que sea perfecto para ti.
Ignacio soltó una carcajada amarga.
—¿Tú? ¡Por favor!
Adriana sacó el celular y le marcó a Rodrigo.
Rodrigo conocía gente de la industria en el extranjero que no estaba al tanto de los chismes locales, así que no sabrían nada del escándalo de Ignacio.
Al escuchar lo que Adriana le pedía, Rodrigo aceptó ayudarla.
Ella le pasó el contacto a Rodrigo para que lo agregara.
A los pocos minutos, Ignacio recibió la solicitud de contacto y un mensaje de Rodrigo.
Como estaban en el mismo medio, era obvio que Ignacio sabía quién era Rodrigo.
Sin embargo, al leer que él quería conectarlo con una oferta laboral, no se lo tragó del todo.
Adriana ya estaba harta, así que cortó por lo sano:
—Él te va a echar la mano, así que ya cálmate. Si necesitas otra cosa, le dices a él, ¿de acuerdo? Estoy embarazada y no tengo energía para estar peleando contigo en la puerta. Ya déjame entrar a descansar.


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